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CÉSAR ARTURO ABREU EN LAS “INTERROGANTES DEL CARNAVAL VEGANO”

domingo, 15 de julio de 2012


Por Jesús Méndez Jiminián
(2de 2)


DE “LA CULEBRA DE SAN JUAN” A “LA CULEBRA DE SAN BLAS”

Abreu y Fernández señala en sus apuntes un suceso importante acaecido en La Vega dos años antes de concluir la dictadura de Lilís (1899); anota el autor, tomando el dato del acucioso historiógrafo vegano, Jovino Espínola, que hacia 1897 “unos diez o doce operarios más de la zapatería” del padre de éste, organizaron una comparsa llamada “La culebra de San Juan”. Esto deja claro algunas cosas. Primero, que ya habían clases sociales en La Vega. Segundo, y esto es muy importantes, se tiene ya, tal y como dice Abreu Fernández, “la primera prueba documentada de una manifestación carnavalesca” en La Vega. Y tercero, y no menos importante, deja claro que ya las celebraciones del carnaval en esta ciudad, todavía con aires rurales, eran “algo de costumbre”. ¿En cuales años comenzaron a aparecer? No lo sabemos todavía.

¿Qué representaba la “Culebra de San Juan”? Abreu Fernández al tomar el dato de Jovino Espínola, apunta que: “Para ese tiempo (es decir, el año de 1897, n. de j.m.j.), mi padre era dueño de la primera fábrica de calzados existente en esta ciudad, cuyos obreros pasaban de veinte, siendo la mayoría de ellos de la capital; el resto eran cibaeños, cubanos y puertorriqueños”. Y a seguidas, Abreu Fernández nos brinda el dato clave al respecto cuando dice:

“Conforme a las crónicas, desde 1820 se celebraban en la villa Trinidad (Cuba, n. de j.m.j.), provincia de Sancti Espíritus, los carnavales sanjuaneros con motivo del solsticio de verano los que tenían lugar desde el 30 de mayo al 30 de junio en honor a San Juan, cuya celebración principal se efectúa el 24 de ese mes y que concluían con un desfile de comparsas que incluían las siguientes: Taita la Lanza (sátira a la corrida de toros). Comparsa de los Pitos (pitos de caña brava); El gallo, La Gallina, y La Culebra, es decir: La Culebra de San Juan. Es de deducir – anota --, con lógica justificación, que alguno o algunos de los operarios cubanos que trabajaron en el taller de zapatería del padre de don Jovino ponderaría la idea y el argumento de esta representación para escenificarla…” (p. 44).

Así, una enorme serpiente hecha a mano iba enroscada al cuerpo de uno de los participantes de la comparsa, mientras los demás pintados de negro, armados con lanzas, y desnudos de la cintura hacia arriba rodeaban al personaje del centro que iba muy asustado, además, por el reptil que llevaba alrededor a su cuerpo. Mientras hacían el recorrido por las calles de La Vega, los de la comparsa entonaban cánticos alusivos a la acción escenificada, algunos de los cuales aparecen en la obra en cuestió
Otra de las comparsas de la época, era la conocida con el nombre de “La Culebra de San Blas”. Abreu Fernández, siguiendo la misma fuente, es decir, los datos aportados por Espínola, nos cuenta que esta comparsa se escenificó por primera vez, en La Vega, el 27 de febrero de 1910. Respecto a San Blas, dice Abreu que es el “santo patrón de los enfermos de la garganta y de los cazadores, y cuya festividad celebra la Iglesia Católica el día 3 de febrero”. La comparsa de San Blas estaba compuesta de la forma siguiente, detalla Abreu: “El finado Fello Mejía (el personaje central, n. de j.m.j.) estaba vestido con un vistoso disfraz de indio, armado con arco y flechas, e iba delante con la culebra en forma de espiral enroscada a su cuerpo. Detrás iban los demás comparsantes vestidos de cazadores, armados de escopetas de pistón, cuerno y demás aderezos de cacería, e iban cantando” algunos cánticos también (p.50).

A modo de conclusión respecto a las comparsas, Abreu Fernández destaca, que luego con el paso de los años aparecieron otras con objetivos y criterios distintos a las dos comparsas a las que nos hemos referido, y en las que, incluso, se hacían alusión a ciertos personajes históricos. Pero, en lo que respecta específicamente a las de “La Culebra de San Juan” y “La Culebra de San Blas”, el autor vegano puntualiza lo que copiamos:


“Como puede apreciarse (…) las comparsas La Culebra de San Juan y La Culebra de San Blas no produjeron ningún impacto importante, ni en la temática ni en el sentido contestatario en las que posteriormente aparecieron en el Carnaval Vegano. La importancia reside en – aparentemente – haber sido las únicas de su época reseñadas íntegramente, y consecuentemente su impacto es referencial o histórico, circunstancia que ha sido aprovechada por los promotores e historiadores del Carnaval Vegano para destacar su existencia desde finales del siglo XIX” (p.55).

Una interrogante que de seguro ha ansiado el lectoral, encontrar y ver su respuesta, a través de estas anotaciones respecto al carnaval vegano, es la siguiente: ¿Son los diablos cojuelos auténticamente de La Vega, o fueron traídos aquí de otro lugar?

La figura del “diablo” señala César Arturo Abreu, aparece en el siglo X de la Era Cristiana, en Francia, cuando se representaba la lucha entre “el bien y el mal”; su personificación e identificación es “la de un ser con dos cuernos, una barba alargada, una cola y un tridente”. Esa concepción, nos apunta el autor vegano, viene desde los primeros tiempos del cristianismo cuando los romanos buscaron como elemento contrario al Dios Pan, que era el dios de los pastores, al que vino a representar el mal, que no era otra cosa que la figura de Lucifer o el Diablo. O mejor dicho: Satanás. En el siglo XVI al Diablo, en lugar del tridente le pusieron algo entonces novedoso: vejigas “para infligir castigos”.

El término “diablo” señala el autor, aparece en “Don Quijote de la Mancha” del célebre Miguel de Cervantes Saavedra; pero el de “Diablo Cojuelo” es propio de Luis Valdez de Guevara, quien bajo este título publicó una novela suya, en 1646.

“Como personaje de carnaval – anota Abreu Fernández citando a Dagoberto Tejeda de su obra “El Carnaval Dominicano: Antecedentes, Tendencias y Perspectivas” -, el Diablo Cojuelo llega a la isla de Santo Domingo con los colonizadores españoles…”. Algunos autores criollos sitúan su aparición en 1520; otros en 1578.

En Santo Domingo, en la época de la dictadura de Ulises Heureaux (Lilís) – y se tiene documentación de ello -, aparecen los “diablos cojuelos” en el carnaval, en sectores como La Marina y  la Zona Colonial. Eran pandillas de jóvenes vestidos de un mismo color, rojo o negro, con vejigas y “profusión de cascabeles y campanillas, y con un rabo”. Incluso, los de un sector usaban un color distinto al otro.

¿Vinieron entonces de Santo Domingo a La Vega los “diablos cojuelos”? Al respecto no hay una documentación que pruebe certeramente esto. Pero lo que si es cierto, es la atribución a un ingeniero italiano de nombre Alfredo Scaroina de haber traído a La Vega, en 1906, los diablos cojuelos. Scaroina había venido a La Vega a radicarse desde la Capital, ya que fundó una sociedad carnavalesca llamada “El Acero”. Eso sí, los personajes representados como diablos veganos, según el historiador vegano Mario Concepción, citado por Abreu Fernández, “llevaban disfraz sencillo totalmente de color rojo… las caretas eran sencillas, con dos chifles, sin cintas colgando, ni espejos, y uno que otro con cascabeles”. Puede, por tanto, verse que los diablos veganos representaban algunas variantes respecto a los de la Capital.

Sin embargo, puntualiza Abreu Fernández: “Es posible que por falta de documentación nunca podamos establecer la verdadera procedencia y origen del Diablo Cojuelo Vegano, y aunque admitimos que la aparición del personaje fue primero en Santo Domingo, eso no implica que el vegano tuviese su origen derivado del diablo capitaleño. Más bien nos inclinamos a pensar que ambos tuvieron como matriz a España y que uno llegó primero y el otro después. A fin de cuentas, son diablos los dos”.

 
El autor es escritor, ingeniero, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí” en la UASD. 


West New York, USA.
4 de mayo de 2012.


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