España en el Caribe

España en el Caribe
27 de febrero de 1844

Historia de Puerto Rico

Historia de Puerto Rico
Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico del 1898

Historia Dominicana

Historia Dominicana
16 de agosto de 1930 - 30 de mayo de 1961

Historia de Cuba

Historia de Cuba
1º de enero de 1959

DUARTE Y HOSTOS EN LA UNIDAD ANTILLANA

jueves, 28 de marzo de 2013

Por Jesús Méndez Jiminián 
“En tu vida hay la serena austeridad de Sócrates; en tu enseñanza hay de la doctrina amable de Jesús. En tu alma floreció la justicia, la verdad y el deber (…). Tus discípulos han recogido y conservarán esas flores de tu espíritu para impregnar con ellas el ambiente escolar y el ambiente social dominicano.” ~ Luisa Ozema Pellerano ante la tumba del venerable maestro Eugenio M. de Hostos.
Cuando Eugenio María de Hostos y Bonilla (1839-1903) vino al mundo, hacía tan sólo un año que Duarte había concebido la fundación de la República Dominicana a través de la creación de su instrumento político, la sociedad patriótica La Trinitaria. Hostos al igual que Duarte nacieron en el mismo mes: enero. Ambos eran hijos de españoles, aunque frente a España, los dos, tuvieron ‘’discrepancias en ideas y sentimientos’’ tal y como anota Félix García Sarmiento en ‘’El Evangelio Vivo de Hostos’’, p.102.
Tanto Duarte como Hostos estuvieron en España; aunque en fechas diferentes y, uno y otro, sintieron el peso de la opresión de una monarquía despótica. Incluso, Hostos tomó ‘’parte activa en el movimiento político’’, que buscó el derrocamiento de Isabel II y, procuraba, además, un cambio en la Corte por la República vinculándose con españoles progresistas como Emilio Castelar, Manuel Ruíz Zorrilla, entre otros. Así que, Duarte y Hostos por sus ideas políticas revolucionarias, y por sus luchas sin tregua contra la dominación de su Patria, estuvieron en el amargo, duro y prolongado exilio siendo radicales con sus principios y objetivos.
No hay mancha alguna en las trayectorias revolucionarias de Duarte y de Hostos. No existe en la vida de ambos patriotas antillanos ningún ápice por el que pueda arrepentirse ayer, hoy y mañana ciudadano alguno de Nuestra América morena, mestiza, blanca e indígena, que tiene con ellos una enorme deuda política, social, moral y ética la cual no hay forma de retribuirle.

Si uno de los principios fundamentales enarbolados por Eugenio María de Hostos, fue el de la ‘’Unidad Antillana’’, no hay duda alguna de que cuando Duarte  y los Trinitarios fundaron la República Dominicana, en 1844, y los restauradores dominicanos proclamaron nueva vez la República en 1863, en poco tiempo comenzaba a gestarse el movimiento de la liberación  de Cuba y Puerto Rico contra el coloniaje español. En Puerto Rico, el 23 de septiembre de 1868 con el ‘’Grito de Lares’’ encabezado por Betances y otros patriotas; y en el caso de Cuba, pocos días después, el 10 de Octubre, con el ‘’Grito de Yara’’ bajo el liderazgo indiscutible de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la  Patria cubana.
Nótese, que ambos acontecimientos revolucionarios y patrióticos estremecen a las Antillas, y se convierten en una ardiente llama de lucha para ambos pueblos desde tierras dominicanas también, pese a que aquí comenzaríamos a vivir los fatídicos Seis Años de Buenaventura Báez. Y aunque al momento de producirse estos acontecimientos políticos y sociales en el Caribe, Duarte estaba alejado por razones conocidas, Hostos cogía con sus manos y levantaba con gallardía la antorcha de la revolución antillana, y desde Madrid en octubre de 1868  proclamaba: ‘’Revolucionario seré en la Península; como debe serlo quien sabe que la revolución es el estado permanente de las sociedades, quien no puede ocultarse del movimiento, sin tener la necesaria propensión de las ideas a realizarse’’. (pp.15-16, en ‘’Eugenio María de Hostos. América: la lucha por la libertad’’.).
Así que, Hostos, desde España se proclamaba a sí mismo revolucionario, independentista, abolicionista y antillanista. Tomaba con fervor patriótico para sí la bandera de lucha que enarboló Duarte para indicar el derrotero de los pueblos antillanos, y lo expresaba con estas palabras: ‘’Las Antillas no viven, languidecen, como languidecía la tenebrosa España de Isabel de Borbón’’. (p.16). 
Pero, ¿acaso no languidecíamos también los dominicanos, que en esos años apenas habíamos salido de la tutela de España?
¿SACUDIÓ A HOSTOS EL PATRIOTISMO DE DUARTE?
El año de 1863 es decisivo en la radicalización de las ideas revolucionarias de Hostos contra España y su sistema de opresión y dominación en el Caribe. Ese mismo año, tal reafirmación lleva a Hostos a publicar, en Madrid, su primer libro, ‘’La peregrinación de Bayoán’’, del que luego dirá que se convirtió en él, en ‘’un grito sofocado de independencia por donde empecé mi vida pública…’’.
Precisamente, en  ‘’La Peregrinación de Bayoán’’ se encuentra la primera chispa hostosiana de la unidad antillana. Pues, ‘’En los personajes de La Peregrinación de Bayoán, se encuentran las tres Antillas. Bayoán, es el primer indígena que dudó de la inmortalidad de los españoles (…) el indio que dudó, no puede ser más representativo  de las cualidades…‘’ de Hostos: idealista, moralista, tímido, pero que busca la gloria. ‘’La República Dominicana – la patria fundada por Duarte, n. de j.m.j. – aparece en la obra en el personaje de Guarionex, el cacique más poderoso de La Española, primer territorio colonizado por España, nación a la cual el Hostos maduro dará una Escuela Normal y el Hostos moribundo entregará sus restos’’. (p.XVIII, de Manuel Maldonado – Denis en ‘’ Eugenio María de Hostos. América: la lucha…).
Antonio Pedreira, uno de los principales biógrafos de Hostos, dice, que fue ‘’La peregrinación de Bayoán’’ la puerta por la que el insigne puertorriqueño ‘’entra a la vida de combate que no había de abandonar hasta la muerte’.’ (p. XVI, citando  a Pedreira en ‘’Eugenio María de Hostos: educador puertorriqueño en Chile’’ de Sonia Ruíz Pérez).
Hostos, en 1863, además, entra a formar parte como miembro, en la capital española, de la Sociedad Abolicionista de la Esclavitud; y en 1865, ingresa al Ateneo de Madrid, donde el sábado 20 de diciembre de 1868 anuncia a todos los presentes allí sus convicciones político – revolucionarias, con las que se iría a la tumba en Santo Domingo el 11 de agosto de 1903: la Federación Antillana.
‘’Yo creo, tan firmemente como quiero – dijo en la ocasión -, que la independencia de Cuba y Puerto Rico ha de servir, debe servir, pude servir al porvenir de la América Latina’’.
Explicaba también a los presentes en aquel memorable encuentro, los propósitos y alcance de sus ideas revolucionarias. Para decirlo en sus propias palabras, a partir de tales planteamientos, él se dijo: ‘’ Yo tengo esa autoridad…’’.
A partir de estos hechos, Hostos se convertirá en peregrino permanente por toda América. A cada pueblo visitado le transmitirá su mensaje de lucha revolucionaria. ‘’Hacia el 1871 – tras una breve instancia en París y Nueva York, n. de j.m.j. - … partirá hacia la América del Sur en su primer peregrinaje por tierras sudamericanas actuando como portavoz de la lucha por la independencia de Cuba y de Puerto Rico. Su periplo lo llevará a Colombia, Perú, Chile, la República Dominicana y Brasil’’. (p.16, en ‘’América: la lucha por la esclavitud’’).
¿POR QUÉ HOSTOS SE ESTABLECE EN SANTO DOMINGO?
Antes de Hostos ausentarse con sus ideas y su gran proyecto revolucionario de Santo Domingo, había estado en Chile donde en poco tiempo había ganado un buen prestigio académico y unos amoríos que no le serían fácil dejar atrás. Pero con todo y esto llegó la hora de decirle adiós a Chile, en septiembre de 1873; y tras esta salida, visita Argentina y Brasil, lugar este último donde sus ideas independentistas fueron vistas con cierta indiferencia. Pasa a Nueva York y desde allí finalmente se asienta en Santo Domingo. A Puerto Plata llega el peregrino donde, según apunta Emilio Rodríguez Demorizi en su ‘’Hostos y Luperón’’, veía ‘’indudablemente, el único punto de apoyo en que podía afirmarse su pensamiento político: la libertad de Cuba y Puerto Rico, la anhelada Confederación de las Antillas’’. (p.17, en ‘’Hostos y Luperón’’ de E. Rodríguez Demorizi).
’La llegada de Hostos – dice Rodríguez Demorizi – fue un acontecimiento en aquella sociedad en que se debatían, por medio de la prensa y la tribuna, con desusado ardor, los intereses más opuestos: los luperonistas contra baecistas; y cubanos, puertorriqueños y dominicanos contra el régimen colonial de España en las Antillas’’. (p.19).
Pero algo más le atrae a Hostos a Puerto Plata. Cubanos y puertorriqueños salidos de sus tierras por la guerra y la anexión le llaman; ‘’y los dominicanos… le protegen. Entre esas voces no faltará, seguramente, la de Luperón’’. (Ibid).
En Puerto Plata, ‘’luego de un año de  intensa actividad revolucionaria bajo vigilancia cada vez más estricta de las autoridades españolas, funda en mayo de 1876 La Educadora, sociedad – escuela de carácter doctrinario destinada a la difusión del pensamiento moral y social dirigido a armonizar los intereses generales de las tres Antillas hermanas’’. (p. XX-XXI, en América: la lucha…’’).
La Educadora como proyecto educativo, lo concibió Hostos el 5 de marzo de 1876 en unión con Luperón y los esposos García – Godoy, cubanos emigrados, residentes en Puerto Plata. A través de La Educadora, Hostos y sus socios – amigos, pretendían ‘’educar al pueblo’’. Eran los días del gobierno patriótico y civilista de don Ulises Francisco Espaillat (29 de abril 1876 – 5 de octubre, 1876), que contaba con el apoyo de Luperón y del Partido Azul.
A la par con este proyecto educativo, Hostos estaba integrado a la llamada Liga de la Paz, de la cual Luperón era su presidente; pero, además, Hostos formaba parte del Club Cubano  de Puerto Plata; y por esos tiempos había fundado y dirigido dos medios de comunicación de cierto arraigo: ‘’Las tres Antillas’’ y ‘’Los Antillanos’’ (en julio y agosto de 1875, respectivamente), que en ese breve tiempo fueron clausurados por el régimen de Ignacio Ma. González).
Tras la salida de Espaillat del poder, Hostos se ausenta por tres años del país no sin antes enfrentar, junto a Luperón, a sus detractores políticos. Luperón es apresado en Puerto Plata por esbirros de González el 23 de enero de 1876, día que luego recordaría como ‘’memorable en la historia de Puerto Plata’’.
Ante tales circunstancias, Hostos se pronuncia con energía, en documento del que más tarde el héroe restaurador diría en sus ‘’Notas Autobiográficas’’, que fue ‘’la expresión de la más avanzada doctrina Constitucionalista, y en el cual se defiende el ideal de libertad antillano’’. (p. 250, tomo II).
En uno de sus párrafos de una carta que días después redactara Luperón, con fecha 11 de febrero de 1876, puede leerse lo siguiente, al entonces Ministro del Interior, Pedro Tomás Garrido: ‘’De la acechanza del 23 de Enero, saqué incólume mi existencia y mi derecho; pero saqué gravemente lastimada mi confianza en la dignidad humana y en inviolabilidad del derecho contra la fuerza. Por contar con ella, o por creer que podía contar con ella, los hombres a los que había yo tratado de ser útil se desconceptuaban ante mi conciencia y la del mundo; por contar con la fuerza o por creer que podían contar con ella, ya la mil veces pisoteada Constitución, se violaba con todas sus garantías individuales contra mi’’. (p.266, tomo II).
Apunta Rufino Martínez en sus palabras introductorias a las ‘’Notas Autobiográficas’’ de Luperón, que por aquellos días, en Puerto Plata, ‘’…vivieron con más libertad de expresión en su propio suelo, Eugenio M. de Hostos, Ramón Emeterio Betances, Antonio Maceo, José Maceo, Francisco Borrero y una multitud de sus coterráneos’’. (p. 20, tomo I).
‘’Tres largos años de dura ausencia de Hostos. Durante ella nada ha de temer el peregrino; ni desazones ni miseria. La mano protectora de Luperón se extiende hasta él, a través de mares y montañas’’. (p.26-27, en ‘’Hostos y Luperón’’).
 ‘’Efectivamente en dominicana se había suscitado un ‘’cambio horrendo’’, desde julio  las fuerzas retardatarias iniciaron conatos armados tratando de derrocar el régimen. Grupos al servicio de Buenaventura Báez y de Ignacio María González se confabulaban para incrementar la oposición armada, que tras sembrar la incertidumbre en todo el territorio nacional, finalizó con la renuncia de Espaillat’’. (p.27, en ‘’ Hostos en el perímetro dominicano, Santiago Castro V.). Desde Saint – Thomas, le dice Luperón a Hostos, en abril de 1878: ‘’Acuérdense siempre y no lo olvide, que hay en República Dominicana un pueblo que se llama Puerto Plata, donde usted no dejó un enemigo y todos lo quieren y lo admiran’’. (p.29, ibid).
De Puerto Rico, en 1878, al ser enterado del derrocamiento de Báez, Hostos regresa nuevamente a Santo Domingo, para dar inicio a una de ‘’las más fecundas labores educativas que registra la historia de América Latina y el Caribe’’: (p.20, en ‘’Eugenio Ma. de Hostos, América: la lucha por la libertad).
‘’Al escolasticismo dogmático opondrá Hostos el método científico de investigación positiivista’’ (p.20, ibid). A partir de ahí empieza  su titánica labor de formar una legión de maestros para continuar educando al pueblo dominicano. Duarte casi cuarenta años atrás se apoyaría en La Trinitaria para educar a sus discípulos.

Empezaría a partir de aquí la segunda estancia de Hostos en Santo Domingo. Seguramente que en su estadía, él obtendría informaciones de Duarte; de su ardiente sacrificio, como él lo llevaba también, por independizar a su patria;  y de su calvario por tierras extranjeras. Acaso, ¿no pasaba Hostos también por esos amargos y difíciles momentos que vivió Duarte?.
DUARTE EN HOSTOS
Cuando Hostos escribió para la ‘’Revista Científica’’ de Santo Domingo, el 25 de febrero de 1884, en su número 31, su trabajo ‘’Duarte y Sánchez como ejemplo del patriotismo infortunado’’, develó los más puros sentimientos patrióticos que él tenía para la figura ilustre de Duarte, al que definió como ‘’hombre de pensamiento y organización’’. Se veía, sin duda alguna, Hostos en aquel coloso antillano del que, además, señaló que otra de sus cualidades más sobresalientes era ‘’el sentimiento de su deber patriótico’’.

Duarte, según palabras del insigne patriota puertorriqueño, es el apóstol que no encontró en su vida más que ‘’obstáculos para volver a la patria redimida (…) gemía en el destierro…’’, dice Hostos. Hoy día, a uno la patria le sobrevive a pesar de sus tormentos y horribles episodios; al otro, la patria se le esfuma hasta quedar en  lontananza aquellas luchas y patrióticas hazañas. Estoy seguro de que tanto a Duarte como a Hostos las lágrimas hoy día le correrían por sus mejillas al ver, impotentes, como están sus patrias  respectivas.
Tanto Duarte como Hostos fueron protestantes varoniles, luchadores revolucionarios, de una vida agitada, de sueños y quimeras que batallaron denodadamente en sus días. Ambos patriotas, Duarte y Hostos, ‘’Muertos, como vivos’’ siguen sus protestas. Ellos son ‘’el mismo espíritu en dos cuerpos’’.
Hostos vio en la muerte de Duarte una gran agonía. La suya más de dos décadas después sería igual. ¿Quién pensaría en su época, que Hostos iba a morir abrazado del lienzo tricolor que ideara Duarte?.
La muerte de ambos patriotas ha sido, en uno, por ambición de sus hermanos; en el otro, por apetitos imperiales. En el uno, perversos y malandrines compatriotas suyos pisotean su nombre; en el otro, botas imperiales además de anular sus patrióticos ideales, le imponen a su patria sus pecados capitales.
‘’Individualmente es que Duarte – dijo Hostos – se desterró otra vez, que otra vez fue a vagar hambriento y solitario, solitario y hambriento, por campos tan impávidos como estos, y como casi todos, para la abnegación y el patriotismo’’. Así fue en Hostos también. Morir ambos así, lejos de su patria, de seguro les quitó de encima la ira y el remordimiento de sus pesares. Todo lo dieron ambos por ver libre sus patrias. Todo lo abandonaron por soñar despiertos.

Quizás ’’mañana, cuando en medio de esos alborozos premeditados con los que los pueblos compran la indulgencia de la Historia, entren triunfalmente en esas calles los restos’’ de Hostos a su patria. Por esas calles que él, luego de asentarse el dominio imperial yanqui, jamás pudo volver a pisar, tras su partida en 1900. Pero, que quedaron en sus adentros como recuerdos; porque ‘’digno de la solemnidad de aquel momento será que tomando de la mano a nuestros pequeñuelos, y mostrándole con severo índice esos restos’’, digamos al unísono que él y Duarte lo entregaron todo por lo que amaban: la libertad de los suyos y la independencia plena de sus patrias.
‘’ Entonces – como bien dijo Hostos de Duarte y de Sánchez –, en vez de dormir inquietos… para siempre en patrio suelo, habitaréis para siempre en tierra propia, la tranquila mansión de los que fueron’’.
Si la patria de Duarte albergó en su seno a Hostos, y sus ideales que aquí no cupieron, entonces sus ideas antillanas todavía viven. O acaso, ¿no fue en Santo Domingo donde Hostos palpó con más emoción la hermandad de Las Tres Antillas? ¿no fue en la tierra de Duarte donde Hostos dio impulso a sus planes de la unidad antillana? Desde aquí, en tierra de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, Hostos lanzó ‘’como si concentrara todas la fuerzas emocionales de su espíritu en un puñado de palabras, el más alto elogio’’ de pensamientos y acciones que jamás ha salido de extranjero alguno después de Martí. ‘’De aquí – como bien dice Rodríguez Demorizi – unas tras otras salieron voces de estímulo para Borinquen’’.
‘’Aquí (en la patria de Duarte, n. de j.m.j.) se forjó la redención de Puerto Rico (y de Cuba, n. de j.m.j.); aquí se fulminó la sentencia de muerte del coloniaje español en las Antillas; aquí se decretó la regeneración de Quisqueya por la libertad, por la verdad, por la justicia. Desde aquí se predicó la doctrina del bien para los hombres de nuestra familia histórica; desde aquí se preceptuó el principio de tolerancia para todos los pareceres contrarios a la reforma de la vida en estos pueblos; desde aquí se promulgó el dogma de la Confederación de las Antillas como objetivo final a nuestra historia’’. (p.49, en ‘’Hostos y Luperón…’’).
¿Cuán lejos se han ido los sueños de Duarte y de Hostos? Duarte y Hostos sufrieron en carne viva la desconsideración de los indiferentes. Muchos han querido sepultar sus ideales y no han podido. Tres tiranos se interpusieron en la vida de Duarte y de Hostos: Santana y Báez, en el primero; Lilís, en el segundo. Sus proyectos se vieron truncados, pero no han perecido.
DE NUEVO AL EXILIO
Duarte había muerto en Caracas, Venezuela, doce años antes, en 1876, cuando Hostos ha de ausentarse del país debido a los serios obstáculos que hubo de encontrar en el régimen de Lilís; régimen despótico y unipersonal. Con mucha pena y dolor tiene Hostos que partir el 4 de agosto de 1889 de Santo Domingo, para acceder al pedido del entonces presidente chileno Balmaceda, y poder  así continuar su facunda labor pedagógica, que con tanto tesón y sacrificio, había iniciado en nuestro país con la Escuela Normal. En tierras chilenas Hostos trabaja en el Liceo Chillán (1889-1890) y en el Liceo Miguel Luis Amunatégui (1890-1898). ‘’Durante este período Hostos publica profusamente libros sobre los más diversos temas, haciendo gala en ellos de su extraordinaria erudición y de su profundidad de análisis’’. (p.20, en ‘’América: la lucha por la libertad’’.).
En Chile, además, Hostos en 1895 es nombrado agente de la junta de Partido Revolucionario de Cuba y Puerto Rico, de Nueva York; y el 2 de agosto de ese mismo año funda y lo eligen como presidente de la Liga de Patriotas Puertorriqueños. Tres años más tarde, su dolor es más que grande, inmenso cuando se entera que el 25 de julio de 1898 las tropas norteamericanas invaden a Puerto Rico.
A través de la Liga de Patriotas, Hostos pretendió revitalizar la lucha de los puertorriqueños contra el colonialismo. Esta organización cívica y educativa tenía, como acertadamente señala Manuel Maldonado – Denis, el propósito de promover una ‘’toma de conciencia’’ en los puertorriqueños en particular y con todos los latinoamericanos en general, ‘’respecto a los problemas más urgentes… en ese momento tan crucial’’,  que vivía el pueblo de Puerto Rico. Su objetivo fundamental era claro: lograr la independencia de Puerto Rico.

‘’El 8 de septiembre de 1898 sale – Hostos, n. de j.m.j. hacia Puerto Rico a bordo del vapor ‘’Philadelfia’’ y el 23 de octubre funda en Juana Díaz el primer capítulo  de la Liga de Patriotas que se crea en suelo puertorriqueño, su prédica patriótica caerá en oídos sordos. El 21 de enero de 1899 se entrevista con el presidente de los Estados Unidos William Mckinley respecto al destino de Puerto Rico’’. (P.22).
Después de aquel encuentro con el Presidente norteamericano Mckinley, Hostos no sale muy a gusto. Su destino  será de nuevo Santo Domingo, para una vez allí reanudar su labor revolucionaria y educativa a partir del 6 de enero del 1900. Meses antes le escribe al entonces presidente dominicano Horacio Vásquez desde Mayagüez, el 19 de septiembre de 1899, y entre otras cosas dice: ‘’La Patria se me escapa de las manos’’, refiriéndose a su Puerto Rico querido.
En esa misma carta, además, le dice al presidente Vásquez: ‘’Siendo vanos mis esfuerzos de un año entero por detenerla (la invasión yanqui a Puerto Rico, n. de j.m.j.), el mejor modo de seguir amándola y sirviéndola es seguir trabajando por el ideal, que, independientemente Cuba y restaurada Quisqueya en su libertad y su dignidad republicana, ni siquiera es ya un ideal; tan en la realidad de la historia está la Confederación de las Antillas’’. (p.210, ibid).
LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
Ya encontrándose en Santo Domingo, Hostos, en fecha 5 de junio de 1902, le escribe a su amigo puertorriqueño, el doctor Manuel Guzmán Rodríguez, con mucho pesar estas palabras: ‘’Hace  cuarenta años menos dos, que empecé en La Peregrinación de Bayoán la triste obra de previsor solitario, previendo la posibilidad de una unión de los pueblos ibéricos de ambos mundo y hoy, cuando ya es inútil y es contraproducente esa unión, es cuando a esos desgraciados se les ocurre empezar a fabricarla en el vacío (…) todavía no comprendo que no se haya oído la voz del bien y la verdad’’. (pp.215-216).
Un año después de estas pesarosas líneas, fallecía el ilustre Maestro Eugenio María de Hostos y Bonilla en Santo Domingo. Dio sus últimas energías, para bien del pueblo dominicano, con la titánica labor educativa que casi tres décadas atrás había iniciado en nuestro país. Sus ojos se cerraron el 11 de agosto de 1903, algunos amigos íntimos de Hostos, entre ellos los doctores Francisco Henríquez y Carvajal, Arturo Grullón y Rodolfo Coiscou, atribuyeron su muerte, al ‘’moral abatimiento a la desesperanza de la redención de su patria nativa, Puerto Rico, perdida como estaba a su salida de aquella isla la ocasión que la guerra hispano – americana ofreció a ese pueblo desgraciado para alcanzar gradualmente la autonomía a que había de conducirlo la fecunda labor iniciada por el singularísimo puertorriqueño con La Liga de Patriotas’’. (p.38, en ‘’Eugenio María de Hostos (1839-1903). Homenaje Dominicano A Su Memoria’’.
No hay mejor manera para recordar a Duarte y a Hostos, que continuar su legado imperecedero. A Hostos, bien lo recordaba el Generalísimo Máximo Gómez cuando desde La Habana, Cuba, tres semanas después de su muerte, el 5 de septiembre de 1903, publicaba en ‘’El Mundo’’ estas enaltecedoras palabras como tributo a su memoria:
‘’Los dominicanos, que quizás tengamos muchos defectos, pero no somos ingratos, se han reunido alrededor de la tumba del Maestro y en la serenidad de aquella eterna separación y triste despedida, pusieron un poco de polvo y regaron lágrimas y flores sobre aquellos restos, y escribieron la historia, ellos mejor que nadie, de la vida de aquel hombre ilustre cuyo recuerdo no olvidaremos nunca’’
Y yo, que fui su amigo, siento, al lado de la pena que tal pérdida pueda causarme, el simple consuelo, de que él escogió mi patria para soportar las amarguras de su destierro, y allí debajo de aquel cielo azul y claro se  labró su sepultura. No olvidamos nunca los dominicanos la memoria de nuestro mejor amigo Eugenio M. de Hostos (p.251, en  ‘’Papeles dominicanos de Máximo Gómez’’ de E. Rodríguez Demorizi).
Santo Domingo, la Patria de Duarte, es la nación que está más obligada ‘’por ley de las Historia y de la Naturaleza’’ como dijo una vez Gómez, a ser  la primera gran aliada de Cuba y Puerto Rico en la ‘’Unidad Antillana’’ de Hostos, Betances, Martí, el propio Gómez y otros tantos.


Hostos no ha muerto. Sus ideales viven, lo mismo que los de Duarte. Yo soy Hostos, tú eres Hostos… en todas partes de América y sobre todo en las Antillas,  hay muchos Hostos, y lo seguirán habiendo por lo siglos de los siglos…

 Santiago de los Caballeros, Rep. Dom. 6 de enero  de 2013.