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CÉSAR ARTURO ABREU EN LAS “INTERROGANTES DEL CARNAVAL VEGANO”

domingo, 15 de julio de 2012


Por Jesús Méndez Jiminián
(1 de 2)


“Y llegado a La Vega,
Ciudad que se levanta
Llevando sus arterias sangre nueva,
A la orilla de un rio que le canta,
Circuido por bellos horizontes,
Halitos de pinos saturada,
Y como una reliquia, custodiada
Por un bárbaro ejército de montes;
Al llegar a este pueblo de alma blanca,
Que aunque muy azotado por las guerras
Crece en él la virtud mucho más franca
Que el mismo cafetal sobre sus tierras.” 

Ramón Emilio Jiménez, a la “Novia del Camú”
(1915), en los 1ros. Juegos Florales Veganos.



Al: Padre Cesar Hilario, en sus 54 años de sacerdocio y al Orfeón de Santiago en su 50 aniversario.


La Vega ha sido históricamente escenario de acontecimientos relevantes. Tanto así, que muchos de sus cultos e inteligentes hijos (as) manifiestan orgullosamente con el pecho erguido y un alto timbre de voz, ser los primeros en muchos hechos históricos en América. Para tan sólo citar algunos, César Arturo Abreu, entre otros, nos testimonia los siguientes: primer libro escrito en tierras americanas, en 1498, bajo el título de “Relaciones de las Creencias e Idolatría de los Indios…”, de la autoría del religioso Fray Ramón Pané; el de por sí relevante primer Sermón en defensa de los indígenas, en 1510, pronunciado por Fray Pedro de Córdova;  primer obispado residente en el Continente americano, en 1514; y, el de por sí relevante primer Sermón en defensa de los indígenas, en 1510, pronunciado por Fray Pedro de Córdova.

Por lo anterior y otras cosas más, La Vega, ha sido proclamada, y ello no es para menos, con el título de “Ciudad de Primicias de América”.

Llama poderosamente la atención en este orden, el que - tal y como señala el ilustre vegano Abreu Fernández en sus notas sobre las “Interrogantes del Carnaval Vegano” junto a Hugo Máximo Estrella y Dagoberto Tejeda - “hacía
1510 la Concepción de La Vega era la ciudad española más grande del Nuevo Mundo, con más de 10,000 habitantes (…) con unos 250,000 mts2”. Cabe recordar aquí, que por ejemplo, Santiago de los Caballeros apenas contaba con unos 8,000 pobladores, según el norteamericano Samuel Hazard, quien la visitó hacia 1871, pocos años después de ser el principal escenario del activismo revolucionario de nuestros soldados restauradores en la guerra heroica de 1863-1865, contra España y el general Pedro Santana, que la había convertido por vil decreto y acuerdo en provincia ultramarina de aquella bajo el infeliz alegato de que los dominicanos seríamos más prósperos y orgullosos.

Sin embargo, para no distraer más al amable lector (a), y para entrar en la parte fundamental de estas anotaciones ligeras y menudas, es preciso hacernos ahora la siguiente interrogante: ¿Fue en la Concepción de La Vega donde se llevaron a cabo las primeras manifestaciones carnavalescas en el Nuevo Mundo?  

Señala César Arturo Abreu en sus notas sobre las “Interrogantes del Carnaval Vegano”, que hacía 1514 llegó a La Española, y se estableció en la Concepción de La Vega en 1526, un aventurero español “alborotador y pendenciero… preñador de indias y acosador de  casadas, dueño de grandes haciendas y granjerías en toda la isla” de nombre Álvaro de Castro, que además tenía fama de ser armador de grandes fiestas y jolgorios. Todo parece indicar, según las fuentes consultadas por Abreu Fernández, que este singular personaje trajo a La Vega y zonas vecinas, unas fiestas populares de Andalucía, España, denominadas “juegos de moros y cristianos”, en los que se recreaban “batallas que tuvieron lugar en España durante el período conocido como LA RECONQUISTA…”, donde aparecía el famoso “juego de cañas”.

¿Cómo considerar que estas y otras manifestaciones que veremos más adelante – se pregunta de forma precisa Abreu y Fernández – pueden ser las primeras en términos carnavalescos en La Española y el Nuevo Mundo? Aparece aquí, la sustancia o esencia, según Abreu Fernández, de que en esos “juegos” promovidos en La Vega por el corrupto  Álvaro de Castro en lo que aparecen “disfrazados” algunos participantes se utilizaron “elementos propios del carnaval”.


Por otro lado, señala el destacado autor vegano, de acuerdo a otros datos apartados por algunos investigadores criollos que otros juegos conocidos como las “mascaradas” celebrados en la Concepción de La Vega hacia 1508, y que también tenían lugar en Santo Domingo, “podrían considerarse como celebraciones de carnaval”. Estas “mascaradas” propias de algunos países europeos, especialmente de Italia, durante los siglos XVI e inicios del XVIII aunque empleaban “la música y la danza” como “expresión integrada del carnaval, en el fondo -  dice Abreu Fernández -, ellas de por sí no constituyen carnaval”. Y agrega, respecto a estas manifestaciones, en La Vega, lo siguiente:

“Como conclusión… lo efectuado en la antigua ciudad de La Concepción – tanto en el 1508 con las mascaradas – así como con las escaramuzas de Álvaro de Castro, fueron expresiones que utilizaron elementos carnavalescos y no existen datos históricos que avalen que fue en esa ciudad donde se celebró el primer esencialmente auténtico carnaval del Nuevo Mundo. Eso aún está por demostrarse – agrega -, aunque es oportuno hacer constar que por la importancia que tenía esa ciudad y las primicias que en ellas tuvieron lugar, lo más probable es que fuese en esa “primera villa de cristianos” donde se celebrara el primer carnaval de América, pero esto es una lógica y razonable especulación que los investigadores o historiadores del Carnaval Vegano tienen el desafío de demostrar” (pp. 39-40).


Sin embargo, es simple entonces preguntamos, y lo reflexiona también el propio autor: ¿Cuándo aparece propiamente dicho el carnaval en La Concepción de La Vega? ¿Cuáles manifestaciones tienen lugar ante tal acontecimiento?

Si tal y como señalamos al inicio de estas notas, en La Vega, habían unas diez mil personas a comienzos del siglo XVI, ya casi a finales de esa centuria apenas vivían unos 100 habitantes. Y la respuesta de esto es simple: hubo un terremoto el 2 de diciembre de 1562 que azotó a La Vega, y quienes lograron sobrevivir se trasladaron al actual lugar que ocupa. Así que, las viejas costumbres que se iban arraigando en dicha sociedad, pronto se perdieron, y por tanto, tal y como lo atestigua César Arturo Abreu en sus “Interrogantes del Carnaval Vegano”, no hubo, por algo más de tres siglos “ninguna manifestación de índole carnavalesca” que quedara registrada, o al menos en el recuerdo.

Pero, el ritmo de vida en los veganos, podemos enfatizar aquí, empezó a cambiar radicalmente unas tres décadas antes de que finalizara el siglo XIX. ¿Cuáles acontecimientos las hicieron cambiar? La dictadura de Ulises Heureaux (Lilís) es justo señalar, impactó en el orden económico, material, cultural e intelectual de los veganos y del país. Más aún, muchos cubanos y puertorriqueños que por razones de la guerra que libraba España con los patriotas de estos pueblos, se vieron en la necesidad de huir y se asentaron, entre otros pueblos del país, en La Vega, logrando hacer allí significativos aportes. Aunque sin dudas, el ferrocarril La Vega – Sánchez logró, además, cambiar el modo de vida y ciertos hábitos de los veganos por aquellos años. Continuará.

 
El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la Cátedra “José Martí” de la UASD.

CÉSAR ARTURO ABREU EN LAS “INTERROGANTES DEL CARNAVAL VEGANO”


Por Jesús Méndez Jiminián
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DE “LA CULEBRA DE SAN JUAN” A “LA CULEBRA DE SAN BLAS”

Abreu y Fernández señala en sus apuntes un suceso importante acaecido en La Vega dos años antes de concluir la dictadura de Lilís (1899); anota el autor, tomando el dato del acucioso historiógrafo vegano, Jovino Espínola, que hacia 1897 “unos diez o doce operarios más de la zapatería” del padre de éste, organizaron una comparsa llamada “La culebra de San Juan”. Esto deja claro algunas cosas. Primero, que ya habían clases sociales en La Vega. Segundo, y esto es muy importantes, se tiene ya, tal y como dice Abreu Fernández, “la primera prueba documentada de una manifestación carnavalesca” en La Vega. Y tercero, y no menos importante, deja claro que ya las celebraciones del carnaval en esta ciudad, todavía con aires rurales, eran “algo de costumbre”. ¿En cuales años comenzaron a aparecer? No lo sabemos todavía.

¿Qué representaba la “Culebra de San Juan”? Abreu Fernández al tomar el dato de Jovino Espínola, apunta que: “Para ese tiempo (es decir, el año de 1897, n. de j.m.j.), mi padre era dueño de la primera fábrica de calzados existente en esta ciudad, cuyos obreros pasaban de veinte, siendo la mayoría de ellos de la capital; el resto eran cibaeños, cubanos y puertorriqueños”. Y a seguidas, Abreu Fernández nos brinda el dato clave al respecto cuando dice:

“Conforme a las crónicas, desde 1820 se celebraban en la villa Trinidad (Cuba, n. de j.m.j.), provincia de Sancti Espíritus, los carnavales sanjuaneros con motivo del solsticio de verano los que tenían lugar desde el 30 de mayo al 30 de junio en honor a San Juan, cuya celebración principal se efectúa el 24 de ese mes y que concluían con un desfile de comparsas que incluían las siguientes: Taita la Lanza (sátira a la corrida de toros). Comparsa de los Pitos (pitos de caña brava); El gallo, La Gallina, y La Culebra, es decir: La Culebra de San Juan. Es de deducir – anota --, con lógica justificación, que alguno o algunos de los operarios cubanos que trabajaron en el taller de zapatería del padre de don Jovino ponderaría la idea y el argumento de esta representación para escenificarla…” (p. 44).

Así, una enorme serpiente hecha a mano iba enroscada al cuerpo de uno de los participantes de la comparsa, mientras los demás pintados de negro, armados con lanzas, y desnudos de la cintura hacia arriba rodeaban al personaje del centro que iba muy asustado, además, por el reptil que llevaba alrededor a su cuerpo. Mientras hacían el recorrido por las calles de La Vega, los de la comparsa entonaban cánticos alusivos a la acción escenificada, algunos de los cuales aparecen en la obra en cuestió
Otra de las comparsas de la época, era la conocida con el nombre de “La Culebra de San Blas”. Abreu Fernández, siguiendo la misma fuente, es decir, los datos aportados por Espínola, nos cuenta que esta comparsa se escenificó por primera vez, en La Vega, el 27 de febrero de 1910. Respecto a San Blas, dice Abreu que es el “santo patrón de los enfermos de la garganta y de los cazadores, y cuya festividad celebra la Iglesia Católica el día 3 de febrero”. La comparsa de San Blas estaba compuesta de la forma siguiente, detalla Abreu: “El finado Fello Mejía (el personaje central, n. de j.m.j.) estaba vestido con un vistoso disfraz de indio, armado con arco y flechas, e iba delante con la culebra en forma de espiral enroscada a su cuerpo. Detrás iban los demás comparsantes vestidos de cazadores, armados de escopetas de pistón, cuerno y demás aderezos de cacería, e iban cantando” algunos cánticos también (p.50).

A modo de conclusión respecto a las comparsas, Abreu Fernández destaca, que luego con el paso de los años aparecieron otras con objetivos y criterios distintos a las dos comparsas a las que nos hemos referido, y en las que, incluso, se hacían alusión a ciertos personajes históricos. Pero, en lo que respecta específicamente a las de “La Culebra de San Juan” y “La Culebra de San Blas”, el autor vegano puntualiza lo que copiamos:


“Como puede apreciarse (…) las comparsas La Culebra de San Juan y La Culebra de San Blas no produjeron ningún impacto importante, ni en la temática ni en el sentido contestatario en las que posteriormente aparecieron en el Carnaval Vegano. La importancia reside en – aparentemente – haber sido las únicas de su época reseñadas íntegramente, y consecuentemente su impacto es referencial o histórico, circunstancia que ha sido aprovechada por los promotores e historiadores del Carnaval Vegano para destacar su existencia desde finales del siglo XIX” (p.55).

Una interrogante que de seguro ha ansiado el lectoral, encontrar y ver su respuesta, a través de estas anotaciones respecto al carnaval vegano, es la siguiente: ¿Son los diablos cojuelos auténticamente de La Vega, o fueron traídos aquí de otro lugar?

La figura del “diablo” señala César Arturo Abreu, aparece en el siglo X de la Era Cristiana, en Francia, cuando se representaba la lucha entre “el bien y el mal”; su personificación e identificación es “la de un ser con dos cuernos, una barba alargada, una cola y un tridente”. Esa concepción, nos apunta el autor vegano, viene desde los primeros tiempos del cristianismo cuando los romanos buscaron como elemento contrario al Dios Pan, que era el dios de los pastores, al que vino a representar el mal, que no era otra cosa que la figura de Lucifer o el Diablo. O mejor dicho: Satanás. En el siglo XVI al Diablo, en lugar del tridente le pusieron algo entonces novedoso: vejigas “para infligir castigos”.

El término “diablo” señala el autor, aparece en “Don Quijote de la Mancha” del célebre Miguel de Cervantes Saavedra; pero el de “Diablo Cojuelo” es propio de Luis Valdez de Guevara, quien bajo este título publicó una novela suya, en 1646.

“Como personaje de carnaval – anota Abreu Fernández citando a Dagoberto Tejeda de su obra “El Carnaval Dominicano: Antecedentes, Tendencias y Perspectivas” -, el Diablo Cojuelo llega a la isla de Santo Domingo con los colonizadores españoles…”. Algunos autores criollos sitúan su aparición en 1520; otros en 1578.

En Santo Domingo, en la época de la dictadura de Ulises Heureaux (Lilís) – y se tiene documentación de ello -, aparecen los “diablos cojuelos” en el carnaval, en sectores como La Marina y  la Zona Colonial. Eran pandillas de jóvenes vestidos de un mismo color, rojo o negro, con vejigas y “profusión de cascabeles y campanillas, y con un rabo”. Incluso, los de un sector usaban un color distinto al otro.

¿Vinieron entonces de Santo Domingo a La Vega los “diablos cojuelos”? Al respecto no hay una documentación que pruebe certeramente esto. Pero lo que si es cierto, es la atribución a un ingeniero italiano de nombre Alfredo Scaroina de haber traído a La Vega, en 1906, los diablos cojuelos. Scaroina había venido a La Vega a radicarse desde la Capital, ya que fundó una sociedad carnavalesca llamada “El Acero”. Eso sí, los personajes representados como diablos veganos, según el historiador vegano Mario Concepción, citado por Abreu Fernández, “llevaban disfraz sencillo totalmente de color rojo… las caretas eran sencillas, con dos chifles, sin cintas colgando, ni espejos, y uno que otro con cascabeles”. Puede, por tanto, verse que los diablos veganos representaban algunas variantes respecto a los de la Capital.

Sin embargo, puntualiza Abreu Fernández: “Es posible que por falta de documentación nunca podamos establecer la verdadera procedencia y origen del Diablo Cojuelo Vegano, y aunque admitimos que la aparición del personaje fue primero en Santo Domingo, eso no implica que el vegano tuviese su origen derivado del diablo capitaleño. Más bien nos inclinamos a pensar que ambos tuvieron como matriz a España y que uno llegó primero y el otro después. A fin de cuentas, son diablos los dos”.

 
El autor es escritor, ingeniero, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí” en la UASD. 


West New York, USA.
4 de mayo de 2012.