España en el Caribe

España en el Caribe
27 de febrero de 1844

Historia de Puerto Rico

Historia de Puerto Rico
Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico del 1898

Historia Dominicana

Historia Dominicana
16 de agosto de 1930 - 30 de mayo de 1961

Historia de Cuba

Historia de Cuba
1º de enero de 1959

EL MILITAR VEGANO QUE TRAICIONÓ A DUARTE

viernes, 23 de marzo de 2012

Por Jesús Méndez Jiminián

“Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre victimas de sus maquinaciones” ~ Juan Pablo Duarte (1813-1876)

A mi buen amigo, vegano, y gran duartiano: César Arturo Abreu y Fernández.

El 13 de julio de 1844, Pedro Santana y Familia fue proclamado por la Junta Central Gubernativa que presidía don Tomás Bobadilla, antiguo aliado de los trinitarios, como Jefe Supremo de la República Dominicana, Agregando éste otorgamiento a otros dos: General de Brigada y Jefe de la Armada Expedicionaria de la Frontera Sur.

La República Dominicana aun vivía, pese a los éxitos, militares logrados en Azua y Santiago, en el mes de marzo de 1844, bajo las constantes incursiones de tropas haitianas en nuestro territorio. Duarte, a instancias de Mella, que había sido designado Comandante en Jefe del Cibao se encontraba recorriendo junto algunos compañeros suyos pueblos de esta zona, con la finalidad de concitar apoyo a la nueva causa de los trinitarios.

Sin embargo, el 22 de agosto de 1844, la Junta Gubernativa que ahora presidía el general Santana, en una reunión sostenida por sus miembros, que además de él, integraban Tomas Bobadilla, el general Manuel Jimenes, Félix Mercenario, Toribio Mañón, J. Tomás Medrano, T. Villanueva y Norberto Linares, acusó a Duarte, Sánchez, Mella y demás compañeros que le seguirán por el Cibao, de ser
“cómplices de sedición” bajo el alegato infeliz de “trastorno y derrocar el Gobierno Supremo establecido en virtud del Manifiesto del 16 de enero” de 1844.

Es preciso acotar aquí, que a más que de
“sedición”, esa Junta Central Gubernativa dirigida por Santana, acusaba a Duarte y sus seguidores de supuestamente incitar a los pueblos del Cibao; de querer llevar a cabo una guerra civil. El general Santana junto a los demás integrantes de la Junta, tomaron como pretexto para adelantar medidas represivas contra Duarte y sus compañeros, una carta sin fecha que había dirigido a Mella el general Francisco del Rosario Sánchez, en la que decía, entre otras cosas, que “devolvería a Santo Domingo a Duarte como Presidente de la Republica”.

Asimismo , la situación tomó otro giro cuando entre los integrantes de la Junta Central Gubernativa, Santana hizo ilusión en la referida reunión del 22 de agosto, a otra carta- respuesta de Mella que sí tenía fecha, 19 de julio de 1844, en la que se señalaba que
“los pueblos y el ejército del Norte, ansiando por su Gobierno definitivo, han proclamado Presidente de la República Dominicana al general Duarte, con la condición de que salve el país de la dominación extranjera, y que convoque la constituyente y remedie la crisis de la hacienda publica”. Ahí, precisamente encontraron los enemigos de Duarte y los trinitarios el pecado original.

Vale señalar aquí, que en la aludía reunión se utilizaron muchos pretextos más contra Duarte y sus compañeros, pero por razones de espacio no vamos a detallar aquí. Pero, sí debemos subrayar, que de todos esos pretextos resaltaremos uno que sí llegó a los oídos de Santana en aquellos días; y fue el que supuestamente Duarte y demás trinitarios que le acompañaban por el Cibao, habían seducido al Comandante de la plaza de La Vega, teniente coronel Manuel Mejía pasa que se integrara a su partido, el de los duartistas, y apoyara en consecuencia a Duarte para ocupar la Presidencia de la República.

Manuel Mejía, que
“alcanzó la jerarquía de general de brigada”, dice Rafael Chaljub Mejía en su obra “Diccionario biográfico de los restauradores de la Republica”, al parecer era un militar de “dudas y vacilaciones”. El propio general Gregorio Luperón cuando fue designado tiempo después, en plena Guerra de la Restauración (1863-1865), como Jefe de Operaciones en la línea del Este y del Sur, propuso –anota Chaljub Mejía –removerlo, puesto que de él se propagaban entre los soldados restauradores y la misma población de La Vega, ciertos rumores que apuntaban a una falta de confianza en este militar.

Don Mario Concepción, vegano, en su obra
“La Concepción de la Vega”, resume según la anotado por Rosa Duarte en sus “Apuntes”, la visita que hiciera su hermano Juan Pablo y sus compañeros a La Vega, con estas palabras: “…el 24 de junio llega (Duarte) al Cotuí donde permanece hasta el 25 que sale pasa la Vega, en donde se encuentran y es recibido por su amigo y compañero de trabajos por la Independencia el Pbro. Dr. Espinosa, acompañado del comandante del pueblo es decir, el general Manuel Mejía, n de j.m.j; y estuvo allí hasta el 27 por complacer a sus amigos y al pueblo que con tantas demostraciones de afecto lo recibió. El 29 salió para Santiago” (p.103).

El general Santana, hombre astuto, taimado, curtido en los campos de batalla y de mucha experiencia militar, observaba aquellos pasos de Duarte y los suyos con cierto recelo. Y el 28 de julio de 1844, en una proclama que lanzó sobre lo acontecido por el Cibao con la presencia de Duarte, según cita Concepción en la referida obra, señaló lo siguiente:
“El anarquista Duarte, siempre firme en su loca empresa, se hizo autorizar sin saberse cómo, por la Junta Central Gubernativa, para marchar a La Vega con el especioso pretexto de restablecer la armonía entre el Sr. Cura y las autoridades locales”, (p.104).

Lo último apuntado por Santana, conlleva a pensar que posiblemente había cierto celo entre el padre Espinosa y el general Mejía, específicamente, con la visita de Duarte y los trinitarios a La Vega.

Lo cierto es, que bajo tales supuestos, o reales argumentos de Manuel Mejía filtrados a Santana sobre los pasos de Duarte por el Cibao, la Junta que él encabezaba y sus demás integrantes tomaron como buena y válida la denuncia en cuestión, es decir, que Duarte, Sánchez, Mella, Pedro A. Piña, Juan Isidro Pérez, Gregorio del Valle, Juan Jiménez y el capitán Juan José Illas , tenían “
un plan formado para destruir al gobierno”, y proclamar al Padre-fundador de la República a la Presidencia. Pero, es de aclarar aquí, que Duarte no fue proclamado como tal en La Vega, sino en Santiago de los Caballeros días después.

Así, que Santana y demás integrantes de la Junta, en la citada reunión del 22 de agosto, declararon
“traidores e infieles a la patria” a Duarte y los suyos, y como tal los destituyeron de los cargos que ocupaban; y además, los sentenciaron al destierro a perpetuidad “sin que puedan volver a poner pie en él”.

Duarte fue hecho preso en Puerta Plata y luego trasladado a la Capital
“para de allí igual que lo han sido ya que sus compañeros de infortunio, ser embarcado(s) al extranjero en cumplimiento de la sentencia condenatoria”.No sin antes saberse que iban a ser fusilados.

Se dice, que ante el rumor de fusilamiento de Duarte y sus fieles seguidores, el rico comerciante hebreo en la Capital, Abraham Coen, se acercó al general Santana, y le dijo:
“Fusilar a esos hombres? Está usted loco? No señor, de ningún modo; expúlselos usted si cree que le hacen daño”. Se convierten así Duarte y sus compañeros, dice Emilio Rodríguez Demorizi en su obra “El General Pedro Santana”, en “los primeros dominicanos proscriptos”.

"Y mientras la nave en que Duarte es embarcado se aleja…de Santo Domingo, los mismos pueblos del Cibao que meses atrás habían ofrecido a éste su apoyo se pronuncian ahora unánimemente a favor de Santana". ¿Cosas veredes Sancho?

Santiago de los Caballeros, R.D.
15 de marzo de 2012.

El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí” en la UASD.-

ALGUNAS NOTAS ACERCA DEL HIMNO NACIONAL DOMINICANO

domingo, 18 de marzo de 2012



Por Jesús Méndez Jiminián


“Mientras el pueblo dominicano sepa estremecerse de emoción al escuchar el himno de José Reyes, podrá afirmarse que en él palpita el sentimiento de la nacionalidad el honor”. ~ Max Henríquez Ureña.


A la actriz y comediante dominicana, residente en el Alto Manhattan, Amalia Tavárez.


Algunos autores dominicanos han reseñado, que “La palabra himno originalmente designaba al canto interpretado en honor de los dioses”. O también, a una “composición poética de tono solemne en alabanza de algo, por ejemplo: Himno a Dios, a la Virgen, a la patria.”

El concepto de himno nacional como tal viene, en consecuencia, a ser el “símbolo oficial de la patria, utilizando por lo general en las ocasiones ceremoniales de la nación y para la representación de ésta en los eventos internacionales (```). Está destinado a ser cantando masivamente, al unísono, para unificar en el mismo propósito y entusiasmo a los que lo cantan. Expresa el fervor patriótico, y en la forma y las imágenes utilizadas en su texto se pone de manifiesto el carácter nacional de la época en que ha sido escrito”.

Así, nuestro himno nacional fue escrito con posterioridad a algunos sucesos históricos de singular relevancia para el pueblo dominicano: las luchas heroicas de muchos soldados contra el invasor haitiano en las campañas de 1844,1855 y 1856; la Anexión a España proclamada por el general Santana el 18 de marzo de 1861; el fatídico gobierno de los Seis Años de Buenaventura Báez, quien durante este periodo (1872-1878) puso a la disposición de los Estados Unidos de América, la bahía de Samaná; y finalmente, en medio de la dictadura de Ulises Heureaux, Lilís, que se prolongaría hasta 1899 con su ajusticiamiento.

Es necesario recordar, que nuestro Canto a la Patria es obra del músico capitaleño José Reyes (1835-1905) y del poeta puertoplateño Emilio Prud’ homme (1856-1932); este ultimo, adversario político del régimen de su compueblano Lilís.

La primera vez que fue cantando nuestro
himno nacional ocurrió el 17 de agosto del 1883, es decir, al día siguiente de Prud` homme haber publicado la primera versión de sus versos, en el seminario capitaleño El Eco de la Opinión. Esto tuvo lugar en medio de una celebración en la sociedad cultural La Esperanza, en Santo Domingo, en el vigésimo aniversario del inicio de la Guerra Restauradora.


“Acerca de su origen, José Reyes declaró en una ocasión que habiendo llegado a sus manos el Himno Nacional argentino, publicado en el periódico parisino El Americano, sintió el deseo de hacer una comprensión análoga para su país y con tal motivo, en 1883, invitó a su amigo Emilio Prud` homme a que escribiera un himno a la patria, para él ponerle la música. Poco tiempo después, el poeta Prud`homme escribió las estrofas y el músico compuso su himno”

José Reyes fue soldado del ejército dominicano “para la tercera campaña de la Independencia, en 1855”, y precisamente había estudiado música bajo las sabias instrucciones del maestro Juan Bautista Alfonseca, a la sazón director de la banda militar de la época.


“Seis meses después- de aquel 17 de agosto de 1883, n.de j.m.j-, en una convención de prensa presidida por el director de “El Mensajero” en el teatro “La Republica” como un homenaje a Duarte se tocó nuevamente el himno de Reyes. La banda militar del maestro Betances… lo interpretó por tercera vez en 1885 y fue muy ovacionado”.

Se dice, que en ocasión de celebrarse una de nuestras fiestas patrias el himno de José Reyes iba a ser tocado, pero Lilís ordenó que se tocara la Marsellesa. Sin embargo, pese a todo, en 1896, se solicitó fuera consagrado como “Himno Oficial Dominicano” las letras compuestas por Prud`homme con música de José Reyes. Pasarían muchos años más, para tan trascendental y oportuna decisión, aunque este himno seguía ganando adeptos, a tal punto, que en 1897 fue entonado para la inauguración del ferrocarril Puerto Plata – Santiago.

“Aunque el presidente Ulises Heureaux no convirtió en ley esa resolución del Congreso (la presentada el 30 de abril de 1897 por el diputado Rafael García Martínez n.de j.m.j)- probablemente motivado por su disgusto con la vertical actitud de Emilio Prud`homme frente a su gobierno dictatorial- ello no impidió que el pueblo dominicano mantuviera su preferencia por este himno, que se siguió interpretando en los actos oficiales”.

Hay quienes acertadamente han interpretado,que en una de las estrofas del himno nacional, el poeta Prud`homme “…llama a Pedro Santana (aunque sin mencionarlo, n। de j.m.j.) inconsulto caudillo, porque al anexar el país a España, el aguerrido general ignoró a los mejores dominicanos que le aconsejaban convocar un plebiscito que sancionara esa trascendental decisión A este hecho bochornoso que empañó el brillo de las gloriosas jornadas independentistas (…) contrapone el grito de Capotillo, el 16 de agosto de 1863, cuando un grupo de dominicanos enarboló en el Capotillo español la bandera nacional y llamó al pueblo dominicano a las armas, dando inicio así a la Guerra de Restauración”

La estrofa en alusión es la siguiente:


“Y si pudo inconsulto caudillo
De esas glorias el brillo empañar,
De la guerra se vio en Capotillo
La bandera de fuego ondear”.

En la estrofa siguiente dice nuestro himno:


“…el incendio que atónito deja
De castilla al soberbio león”.

Hace referencia a los valientes dominicanos, que utilizaron en la Guerra de la Restauración la estrategia de Mella, de incendiar los campos “que iban dejando atrás y no podían defender” los soldados restauradores. Era la campaña de “tierra arrasada”, que luego exitosamente puso en marcha, en Cuba, el Generalísimo Máximo Gómez.

“Los españoles, simbolizados en estos versos por el soberbio león de Castilla, en 1865 se vieron forzados a abandonar el territorio dominicano”, volviendo a ondear nuevamente nuestro pabellón tricolor.

Seria, finalmente el 30 de mayo de 1934 cuando Trujillo ejerciendo la presidente de la Republica, mediante la Ley No. 700, declararía como himno oficial de los dominicanos el compuesto por el maestro José Reyes con letras del educador y poeta Emilio Prud’ homme. De esta obra, el propio Prud’ homme llegó en una ocasión a decir, que era “una acción de gracias” con la que se obliga “el patrio amor bizarro a prestar la potencia de sus brazos y a ofrendar hasta la última gota de su sangre para nunca perder la patria”.
El gran intelectual dominicano Don Américo Lugo, en cierta ocasión, refiriéndose al poeta Prud’ homme dijo de él lo que copiamos:
“…era además de poeta un patriota y pudo captar del pueblo el sentimiento de lo heroico (…). Su obra más notable es la enseñanza; pero el himno es la más querida…”.

Refiriéndose al maestro José Reyes, por otro lado, don Max Henríquez Ureña expresó estas conmovedoras palabras:

“Mientras el pueblo dominicano sepa estremecerse de emoción al escuchar el Himno de José Reyes, podrá afirmarse que en el palpita el sentimiento de la nacionalidad y del honor”.

Nuestro himno, como acertadamente señalara el profesor José Medina:

“…es una poesía que exalta la libertad; es un canto en el que ensalzan las glorias de la patria, y se hace promesa de defender su integridad y ofrendar la ultima gota de sangre para mantener su dignidad”.


Santiago de los Caballeros, R.D.
8 de marzo del 2012.

El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí”, en la UASD.

EL ESCUDO DOMINICANO

jueves, 8 de marzo de 2012

Por Jesús Méndez Jiminián

“El amor de la patria nos hizo contraer compromisos sagrados con la generación venidera; necesario es cumplirlos, o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes”.~ Juan Pablo Duarte (1813-1876)

A la memoria del patricio Francisco del Rosario Sánchez.

En la edad media, por ejemplo, la fuerza representativa de familias, ciudades o de armas reales, en las monarquías, se distinguían por medio de un escudo, que venia a ser el símbolo que representaba sus intereses, o las grandes luchas libradas en los campos de batalla.

Así, el escudo de un Estado que es el caso que nos ocupa, “encarna un símbolo patrio” como bien lo define el militar e historiador Ramiro Matos González. A este símbolo-acota-se le “agregan frases honorificas, históricas o legendarias”. Tal es el caso de nuestro escudo nacional.

“Los colores heráldicos universales son cinco: azul, negro, rojo, verde y violado (o porpura, n. de j.m.j.)”. Nuestro escudo tiene cuatro de estos colores.

Desde la creación del escudo dominicano, en 1844, hasta el año 1983, éste ha experimentado modificaciones en su diseño.

En su ilustradísima obra “Banderas y Escudos Dominicanos”, Matos González señala, que “el primer escudo de armas de que tenemos conocimiento, tiene dos ramas de laurel que ascienden con forma de arco hasta casi tocarse en la parte más elevada; debajo de estas, formando un arco aparece una serpiente mordiendo y tragando su cola, (como símbolo de sabia continuidad); en tercer plano, abierto y en el centro, el libro de los Evangelios; detrás de éste, una bandera dominicana cuadrada dividida en cuatro cuarteles por una cruz blanca, los colores de estos están colocados de dos en dos, es decir, dos azules superior y dos rojos inferior, (Primera bandera dominicana): detrás del libro hay colocado un trofeo de armas: una lanza y un fusil con bayoneta calada a la derecha, y a la izquierda un sable y una corneta. En segundo plano, dos banderas desplegadas; de las astas de las banderas se ve un gono frigio; más al frente de las banderas en primer plano y debajo una cinta ancha donde se lee el nombre de nuestra nación ”REPUBLICA DOMINICANA” y a ambos lados, en la parte inferior de ésta, dos cañones con sus respectivas balas esféricas en forma piramidal”.

Pero, el escudo que aparece descrito en la Constitución dominicana,
aprobada el 6 de noviembre de 1844, en San Cristóbal, en su articulo 195 dice así: “Las armas de la Republica Dominicana son; una cruz a cuyo pie está abierto el libro de los Evangelios, y ambas sobresalen de entre un trofeo de armas, en que se ve el símbolo de la libertad”. Todo esto, indica Matos González en su citada obra, es “enlazado con una cinta en que va la siguiente divisa: DIOS, PATRIA Y LIBERTAD, REPUBLICA DOMINICANA”. Los cañones que anteriormente mencionamos, desaparecen, lo mismo que las balas esférica.

El escudo nacional fue modificado en fecha 15 de junio de 1848, cuando en el Congreso Nacional “se dictó una ley que establecía una moneda nacional (…) monedas de oro de diez y cinco pesos fuertes”. Asimismo, cuando fue derrocado el general Manuel Jimenes y se encargó del Ejecutivo de manera provisional, en 1849, al general Pedro Santana, también se modificó nuestro escudo, lo mismo que el 19 de mayo de 1853 y el 20 de abril de 1857, fecha en esta ultima en que el Senador Consultor emitió un Decreto que presentó otra variante para la emisión de billetes. Esta modificación de 1857 tiene mucha similitud con el escudo actual.

Ya en 1866, se oficializa un nuevo escudo nacional de acuerdo al Decreto expedido en fecha 29 de julio de ese año; y al siguiente año, 1867, en el mes de mayo se aprueba otra modificación. Algo similar sucedió en los años 1870, 1874 y 1875.

El 26 de julio de 1889 durante uno de los gobiernos de Ulises Heureaux (Lilís), con la creación del Banco Nacional de Santo Domingo, el Congreso Nacional ratifica una modificación propuesta por el Ejecutivo, y la convierte en Decreto en fecha 14 de agosto de ese año.

“Solo a partir del año 1913 - dice Matos González- se oficializó una uniformidad heráldica, mediante decreto expedido por el gobierno de Monseñor Nouel, que establecía la forma actual. El escudo establecido en este decreto fue dibujado por Casimiro de Moya”. En la Gaceta Oficial No. 2376 del 22 de febrero del 1913 quedó tal modificación, indicándose en ella, que sus colores “así como los de la bandera nacional, será azul ultramar y rojo bermellón más el blanco de la cruz”.

En la “Evolución del escudo dominicano a través de los años”, el historiador Juan Daniel Balcácer en “Símbolo Patrios”, ha señalado que a partir de 1913 nuestro escudo fue modificado en 1916, año este en que se produce la intervención militar norteamericana, y en 1982 y 1983 cuando el doctor Salvador Jorge Blanco ocupaba la presidencia de la República. Durante la llamada Era de Trujillo y, en los últimos casi 30 años de vida democrática no se han hecho modificaciones a nuestro escudo. ¿Se debería dictar una ley que prohíba ya semejante hecho?, pese a que la Constitución Dominicana actual, proclamada el 26 de enero del 2010 define sus característica en su capítulo VII, Artículo 32.

El autor es escritor, ingeniero, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Cátedra José Martí” en la UASD.

Martí y la Cultura Americana

sábado, 4 de febrero de 2012

Por Jesús Méndez Jiminián

“La verdad es como el sol. Lo hace ver todo y no se deja mirar”. ~Víctor Hugo (poeta, novelista y dramaturgo francés)


A la memoria de mis amigos y grandes martianos, el ex – presidente de Costa Rica doctor Rodrigo Carazo, y el extraordinario cubano don Cintio Vitier.


La mayor parte de su vida la vivió Martí en Nueva York. A la urbe neoyorquina llegó el Apóstol en 1880. En gran medida, su obra literaria y su incansable actividad política la desarrolló, por tanto, desde Norteamérica.


Cintio Vitier, destacado investigador cubano de la obra de Martí, fallecido recientemente, ha puntualizado sobre los aportes de Martí a la cultura norteamericana en la obra “Diálogo sobre José Martí”, lo que copiamos:


“Nadie rindió mayores honores a las grandes figuras de la cultura norteamericana de su tiempo que José Martí. En el caso de Whitman, a quien probablemente sólo vio como asistente a una memorable lectura, fue su crónica de 1887 la que lo dio a conocer en las letras hispanoamericanas y españolas, según lo atestiguaron Juan Ramón Jiménez y Rubén Darío, cuyo famoso (trabajo, n. de j.m.j.) al “gran viejo” se escribió sin otra información que la de dicha crónica (…) el impulso de Whitman, cuyos súbitos quiebros, tonos vibrantes, hímnica fuga, olímpica familiaridad-al decir de Martí comentando su elegía por la muerte de Lincoln – parecía a veces como un cuchicheo de astros”.


El doctor Daisaku Ikeda en esta misma obra ha comentado que los “Versos libres de Martí mucho le deben a Hojas de Hierba, de Whitman”.


Al referirse a Whitman, en un ensayo escrito por Martí, Ikeda cita esta frase:


“La vida libre y decorosa del hombre en un continente nuevo ha creado una filosofía sana y robusta que está saliendo al mundo en épodos atléticos”.


En los trabajos críticos de Martí sobre las grandes figuras de la literatura norteamericana, Ikeda anota la apreciación del Apóstol sobre Walt Whitman, y señala:


“Fue él quien, por primera vez entre los autores del idioma español, dijo que Walt Whitman era un poeta excepcional. Lo captó, lo comprendió; se maravilló ante el poeta de las Briznas… y no se cansó de propagar entre sus lectores de la América española la grandeza del vate de la nueva democracia. Otro de sus favoritos, a quien encaminó cuando apenas se le conocía en español, fue Emerson”.

“De más está afirmar – dice el doctor Ikeda – que Ralph W. Emerson fue uno de los precursores de Whitman y, también, un cobro del renacimiento estadounidense”.


Emerson en su obra “El hombre y el mundo”, señaló, y así lo cita Ikeda, estas palabras:


“Vemos el mundo pieza a pieza; el sol, la luna, el animal, el árbol; pero el todo de que son partes salientes y radiantes estas cosas, el todo es el Alma”.


Y más adelante, señala:


“Sobre Emerson – dice Ikeda-, Martí escribió: ´en él fue intensamente digno el ser humano. (…) ni el porvenir le hizo temblar, ni le segó el pasado´, ´él ve que la naturaleza influye en el hombre, y que éste hace a la naturaleza alegre; o triste, o elocuente, o muda, o ausente, o presente, a su capricho´. Ve la idea humana señora de la materia universal. Ve que la hermosura física vigoriza y dispone el espíritu del hombre a la hermosura moral (…) siente que el universo que se niega a responder al hombre en fórmulas, le responde inspirándole sentimientos que calman sus ansias, y le permiten vivir fuerte, orgulloso y alegre´. En efecto (…) estas descripciones dan en la tecla precisa sobre lo que fue y postuló Emerson”.


Pero Martí, en Nueva York y toda la Unión Americana, era un asiduo visitante a museos, parques, clubes y encuentros con sabor a cultura latina o norteamericana. Precisamente, en uno de esos círculos de discusiones literarias, conocería a una escritora norteamericana llamada Helen Hunt Jackson.


Martí, tradujo una interesantísima novela escrita por Helen Hunt Jackson llamada Ramona, que en algunas obras nuestras sobre el Apóstol cubano, hemos comentando. Asimismo, sabemos que tradujo del inglés al español otras obras de la literatura norteamericana.


Sin embargo, en el marco de la política norteamericana son bien conocidos algunos trabajos o ensayos escritos por Martí. El personaje de la vida política norteamericana que más poderosamente llamó su atención fue Abraham Lincoln, a quien llamó “El leñador de los ojos piadosos”. Martí le dedicaría una elegía tras su trágica muerte. Los ideales democráticos de Lincoln, constituyeron una fuente de profunda inspiración para Martí, y de su proyecto político – revolucionario.


Pero también, Martí fue un gran expositor de la historia norteamericana. Comentó las grandes hazañas del general Ulises Grant, y de otras grandes figuras de la historia norteamericana. Y sobre la Constitución estadounidense también escribió sus puntos de vista.


Don Max Henríquez Ureña ha citado, en uno de sus ensayos sobre Martí, esta frase singular del Apóstol de la libertad de Cuba:


“Dos cosas hay que son gloriosas: el sol en el cielo y la libertad en la tierra”.


Y como estudioso de la Constitución de los Estados Unidos, en su notable crónica titulada “Las fiestas de la Constitución en Filadelfia”, escrito en 1887, Martí explica “cómo fue el advenimiento de la ley sustantiva de los Estados Unidos de América, y cómo el temor de los Estados más pequeños al predominio de los mayores pudo conjurarse mediante el fraccionamiento del Poder Legislativo en dos cámaras de formación diferente”: el Senado y la Cámara de Representantes.


En Norteamérica también, en 1891, fue Martí “Delegado del Uruguay en la Conferencia Monetaria Internacional Americana que se reunió en Washington (…). A él confió la Comisión encargada del estudio de la moción encaminada a crear una Unión Monetaria Internacional Americana, la redacción del informe que sobre dicha moción debía ser enviado a la asamblea plenaria”.


“En ese informe analizó Martí las razones que, por el momento al menos, se oponían a la creación de una moneda internacional, y señaló la conveniencia de que se reuniese en Europa una Conferencia Monetaria Universal, con asistencia de los países americanos.

De esta manera descartó Martí el plan de crear una unidad monetaria internacional entre las naciones de América. En todo caso, una moneda internacional sólo podría tener curso internacional por acuerdo de todas las potencias, una vez que éstas aceptaran la base del monometalismo o la del bimetalismo que esté llamado a servirle de garantía, y para ello era necesario convocar a las naciones de otros continentes”.


El autor es escritor, ingeniero,

miembro de la Academia Dominicana

de la Historia y de la “Cátedra

José Martí” en la UASD.

Presentación del libro “La mentira es una telaraña” de Miguel Collado

lunes, 30 de enero de 2012

En el marco de la II Feria Internacional del Libro “Eugenio María de Hostos” a celebrarse el próximo mes de marzo en la ciudad de Mayagüez, Puerto Rico, el escritor dominicano Miguel Collado pondrá en circulación su libro de ensayos “La mentira es una telaraña (Reflexiones y pensamientos)”. La obra ha sido editada por el Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas, Inc. (CEDIBIL) y es el volumen XXXII de la colección bibliográfica de esta entidad cultural, fundada por Collado en abril de 1995.

El acto tendrá lugar el viernes 9 de marzo de 2012, de 1:30 a 2:00 p.m., en los predios del Parque Isidoro García, Carretera 102, de la denominada Capital del Deporte y la Cultura, cuna del prócer antillano Eugenio María de Hostos.

La presentación del libro estará a cargo del escritor cubano Roberto Fernández Valledor, profesor retirado del Departamento de Estudios Hispánicos del Recinto Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, donde enseñaba Lengua Española, Literatura Española, Literatura Hispanoamericana y Cultura Hispánica. Es Académico de Número de la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico.

En el marco de la II Feria Internacional del Libro “Eugenio María de Hostos” a celebrarse el próximo mes de marzo en la ciudad de Mayagüez, Puerto Rico, el escritor dominicano Miguel Collado pondrá en circulación su libro de ensayos “La mentira es una telaraña (Reflexione...s y pensamientos)”. La obra ha sido editada por el Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas, Inc. (CEDIBIL) y es el volumen XXXII de la colección bibliográfica de esta entidad cultural, fundada por Collado en abril de 1995.

El acto tendrá lugar el viernes 9 de marzo de 2012, de 1:30 a 2:00 p.m., en los predios del Parque Isidoro García, Carretera 102, de la denominada Capital del Deporte y la Cultura, cuna del prócer antillano Eugenio María de Hostos.

La presentación del libro estará a cargo del escritor cubano Roberto Fernández Valledor, profesor retirado del Departamento de Estudios Hispánicos del Recinto Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, donde enseñaba Lengua Española, Literatura Española, Literatura Hispanoamericana y Cultura Hispánica. Es Académico de Número de la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico.

Miguel Collado ha publicado más de veinte
libros en diferentes géneros literarios, entre ellos: “Primicias de América en Jánico”, “Ideario de Pedro Henríquez Ureña”, “Historia de la literatura infantil dominicana”, “Bibliohemerografía hostosiana de autores dominicanos”, “El fantasma de Trujillo: antología de cuentos sobre el tirano y su Era”, “Juan Bosch: maestro de la narrativa latinoamericana y “Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana”, con la que obtuvo el Premio Casa del Escritor Dominicano 1993como el Mejor Libro del Año en su género.

Los libros de Collado se han constituido en importantes fuentes de consulta para investigadores nacionales y extranjeros, así como también para profesores y estudiantes universitarios. Muchos críticos y trabajadores de la cultura ―dentro y fuera de la República Dominicana― han destacado su esfuerzo en pro de la difusión y valoración de las letras dominicanas.

En opinión del humanista dominicano Marcio Veloz Maggiolo, Premio Nacional de Literatura 1996, “Miguel Collado [es] uno de los trabajadores intelectuales más activos de nuestro país. Es, además de historiador, poeta y muy notable bibliógrafo, pero su mayor virtud es su modo acucioso de investigar”. En el prólogo a la obra, el filósofo Alejandro Arvelo, actual Director General de la Feria del Libro de Santo Domingo, dice: “La mentira es una telaraña (Reflexiones y pensamientos) consta de dos partes integrantes de parejo valor y consistencia, si bien la estructura de la primera es de tipo ensayístico, y la de la segunda, de carácter aforístico. A través de uno y otro momento de la obra emerge, con gracia y lozanía, la preocupación de nuestro autor por la condición humana, los valores morales y la inmensidad de tópicos que con éstos y con aquélla se relacionan: la vida, la amistad, el prejuicio, la curiosidad, la paciencia, el yo, la violencia y la bondad, entre otros”.

“La mentira es una telaraña (Reflexiones y pensamientos)”, cuya temática se inscribe dentro de la llamada literatura de autoayuda o de crecimiento personal, trae una hermosa cubierta diseñada por el talentoso creativo dominicano Jonathan Bueno Silvestre y algunos de los capítulos contenidos en la obra son: “El peligro del prejuicio”, “El perdón y la venganza”, “El acto de agradecer”, “El dinero, buen servidor y mal amo”, “El egoísta es un ser solitario”, “Diminuta reflexión en torno a la amistad”, “La calumnia, alimento para los pobres de espíritu”, “La envidia o el camino hacia la infelicidad” y “La mentira es una telaraña”. DIRECCIÓN DE COMUNICACIÓN DE CEDIBIL E-mail: cedibil_milenio@yahoo.com

DUARTE, EL ÚNICO FUNDADOR DE LA REPÚBLICA

viernes, 27 de enero de 2012


Por Jesús Méndez Jiminián


“El amor a la patria nos hizo contraer compromisos sagrados para con la generación venidera; necesario es cumplirlos, o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes”. Juan Pablo Duarte (1813-1876).


Sabido es, que a lo largo de nuestra vida republicana han habido gobiernos impuestos por fuerzas oscuras y extrañas, fruto de las actitudes descabelladas de ciertos sectores de la vida nacional, que han puesto sus intereses por encima de los de la Patria. Las menciones aquí sobran. Todos las conocemos.


Sin embargo, es preciso aquí señalar, que las dictaduras que hemos padecido, han sumido nuestro pueblo más aún en el atraso y la miseria más espantosa. Ellas han violado los derechos inalienables de los individuos y la sociedad en su conjunto, y han sembrado el dolor y el luto en el seno de la familia dominicana. Han castrado, las dictaduras, el desarrollo y evolución de nuestro pueblo de una manera olímpica. Todo eso ha dejado una cultura de corrupción, analfabetismo, insalubridad, falta de libertades democráticas, ausencia de servicios vitales para llevar una vida digna: techo, agua, energía, calles asfaltadas, seguridad médica, etc., etc., etc.


Pero también la llamada “vida democrática”, en que hemos vivido ha sido una careta que espanta a los ancianos, hombres maduros, jóvenes y niños.


Nuestra “democracia” no ha podido superar todavía, en más de 50 años, muchos de los terribles males que heredamos de la dictadura de más de tres décadas de Rafael L. Trujillo. La vida institucional dominicana, todavía, es muy débil; muy frágil. Somos un estado fallido.


Los índices de la calidad de vida de los dominicanos son muy bajos. Si Duarte viviera físicamente entre nosotros, hoy estaría espantado del nivel de pobreza en que estamos sumidos los dominicanos; del nivel de mediocridad y prepotencia que exhiben la mayoría de los que nos han dirigido y se han enriquecido a costa de los dineros del pueblo.


Pero el Proyecto de Constitución de Duarte no se limitaba a concebir tan solo nuestro sistema político. Iba más allá. Describía el Patricio a la Nación dominicana como la “reunión de todos los dominicanos (as)”, independientemente de la raza: “… siempre libre e independiente, no es ni podría ser jamás –dijo Duarte- integrante de ninguna otra nación, ni patrimonio de familia ni de personas alguna propia y mucho menos extraña”.


Y respecto a las leyes, esas que impunemente son violadas por muchos, Duarte, según las anotaciones de su hermana Rosa, señalaba:


Una vez promulgada la ley en los lugares respectivos se supone sabida por todos y es, por tanto, obligatoria para todos”.


¿Cuántos gobernantes y demás autoridades que hemos tenido, y tenemos, no son violadores de la ley?


A esos Duarte les decía:


La ley es la que da al gobernante el derecho de mandar e imponer al gobernado la obligación de obedecer; por consiguiente, toda autoridad no constituida con arreglo a la ley es ilegítimo y por tanto no tiene derecho alguno a gobernar ni está en la obligación de obedecerla”.


¿Puede obedecer o tener respeto un gobernado hacia un gobernante u otra autoridad que viola ley?


La falta de autoridad en nuestro pueblo, ha sido una de las razones, que ha expuesto a toda la sociedad dominicana a desobedecer ciertas bases jurídicas que la sustentan. Por estas, y otras razones, ha llegado hoy día el crimen, la corrupción, el narcotráfico, la inseguridad ciudadana, el irrespeto generalizado, la impunidad, etc., a niveles tan escandalosos y escalofriantes. Vivimos hoy en una sociedad nada más parecido a una selva de barro y cemento. Muchos ciudadanos que se sienten impotentes y desprotegidos por la autoridad, producto de todas estas debilidades enarbolan para hacer valer la justicia en nuestro terruño el tomar “la ley en sus propias manos”.


Duarte indicaba al respecto:


La ley así como le niega a la autoridad ilegítima la soberanía inmanente, que es la que regula los negocios domésticos, le niega también al transeúnte, que es la que representa a la Nación en su correspondencia con los otros Estados”.


La importancia que Duarte le confirió al tema de las leyes es vital. Pues, sin que seamos muy duchos en esta materia, el desobedecerla, incumplirla, ignorarla, puede en el peor de los casos llevar a la disolución a nuestra nación ¡Cuán sabiamente concibió el Patricio estas ideas!


Ningún poder de la tierra es ilimitado… ni el de la ley tampoco”, sentenció Duarte.


Por ejemplo, por el no cumplimiento de la ley por parte de las autoridades pasadas y las que actualmente dirigen los destinos nacionales (2000-2010) el “sistema educativo dominicano dejó de recibir 251 mil 505 millones de pesos en los últimos diez años por la violación a la Ley de Educación, que establece que el gasto público anual en ese sector debe ser el 4% del Producto Interno Bruto (PIB).


De los 450 mil millones de pesos que el Ministerio de Educación (MINERD) debió recibir entre 2000 y 2010, los gobiernos sólo invirtieron RD$198 mil 654 millones, según cálculos realizados en base a datos de su portal web”.


La Ley 66-97 establece –promulgada en el primer gobierno del doctor Leonel Fernández (1996-2000), - n. de j.m.j.- establece en su artículo 197 que ´El gasto público anual en educación debe alcanzar en un período de dos años (…), un mínimo de un dieciséis por ciento (16%) del gasto público total o un cuatro por ciento (4%) del producto interno (PIB)´…”.


Y continúa indicando el referido diario santiagués, La Información, lo siguiente:


En los últimos diez años de vigencia de la Ley de Educación nunca se ha cumplido con el artículo 197”.


¿Cuáles males, además, ha acarreado el no cumplimiento de esta Ley por los gobiernos de turno entre el 2000 y el 2011?


Aquí van tan sólo algunos de ellos:

1. En su primer boletín de junio pasado (2011), el observatorio del Presupuesto de Educación denunció que 363 mil niños y adolescentes entre 5 y 17 años se encuentran fuera del sistema escolar…”.

2. En el 2010 se destinaron RD$4,000 millones a la construcción y mantenimiento de las escuelas, menos de la mitad de los RD$8,663 millones que establecen para tales fines el Plan Estratégico ´1000 x 1000´…”.

3. “Por la calidad de la educación primaria, el país ocupa el puesto 140 de un ranking de 142 en el Informe de competitividad 2011-2012 del Foro Económico Mundial, superado por Haití, que se encuentra en el puesto 136, y sólo por encima de los países africanos Yemén y Angola”.


Por otro lado, en el año pasado, 2011, la República Dominicana descendió nueve puestos en lo que respecta a las posiciones de las economías en el mundo, al pasar del lugar 110 de 142 países, según el Informe de Competitividad.


Sigue siendo doloroso e imperdonable –dice la periodista Inés Aizpún del Diario Libre, el desempeño de la República Dominicana, n. de j.m.j.- en capítulos como Desvío de los fondos públicos, Confianza de la población en los políticos, Favoritismo en las decisiones de los gobernantes, Despilfarro del gasto público. (Redundante -dice-, insistir en la energía eléctrica o en la calidad de la educación y su efecto en la competitividad). Son problemas viejos e internos, ajenos a la recesión global”, concluye.


Señoras y Señores:


No ha habido en los anales que registra la historia dominicana prócer alguno que haya sido más embestido, calumniado, maltratado, vejado y humillado que Juan Pablo Duarte y Díez.


Ni siquiera el anexionista general Pedro Santana y Familia ha sido objeto por sus abruptas actuaciones de tan acervas críticas, y despiadados comentarios.

Pero la Historia es tan sabia como los pueblos que la hacen, y más aún, que aquellos que tienen la formidable dicha de escribirla con nobleza y sabiduría.


A Duarte, el más conspícuo y puro de todos los dominicanos, lo han querido rebajar a sitiales estercoleros aquellos que producto de la ignorancia y el cretinismo no han alcanzado a ver en el horizonte su apoteósica obra revolucionaria, para que fuésemos libres y felices.


Los negadores de toda grandeza o hazaña histórica siempre han existido. ¡Jesús, el más grande entre los hombres que registra los anales de la Historia, cuántas veces fue objeto de la censura, la calumnia, la envidia y la traición!


El legado de Juan Pablo Duarte, hoy más que nunca, tiene un inmenso valor para todos los dominicanos y las dominicanas. Esa es una verdad irrefutable. Las pasiones políticas siempre han estado presente en cada período de nuestra vida republicana, ¿cómo no iban a estar latentes al calor del nacimiento de nuestra República en 1844?


El destacado historiador dominicano, don Vetilio Alfáu Durán al hablar de la grandeza de Duarte ha apuntado acertadamente estas formidables palabras.


Duarte, a más de autor de la magna idea nacionalista (…) fue el activo director de la ardua brega revolucionaria en el espinoso sexenio que corrió desde la instalación de la benemérita sociedad La Trinitaria hasta la proclamación de la Independencia en el Baluarte del Conde, pronunciamiento que, dicho sea de pasada, no se debió solamente a los Duartistas, porque en ese memorable suceso están lo mismo en primera línea hombres como Tomás Bobadilla, Manuel Jimenes, Remigio del Castillo y otros, quienes demostraron en el terreno de los hechos su poca o ninguna afinidad con la persona y los puros ideales de Duarte. Este eminente patricio, cuyas albas vestiduras lucen en la historia dominicana libres de las manchas del fango de nuestra política, así como de cualquier otra indigna flaqueza de carácter, lo único que no pudo alcanzar fue destruir el espíritu conservador o retrógrado de muchos dominicanos representativos de aquella época, los cuales, a espaldas del fundador, ampararon aquel movimiento con indiscutibles prestigios políticos y sociales; pero tan bien con el no disimulado propósito de apoderarse del fruto de una labor que contrariaron por todos los medios posibles y todavía aspiraban (y aspiran hoy en día no pocos, n. de j.m.j.) a que no llegara a su completa realización. Para convencernos de esta amarga verdad, basta con leer el ´Acta de Nuestra Independencia´, esto es, la ´Manifestación de los Pueblos de la parte Este de la Isla antes Española o de Santo Domingo, sobre las causas de su separación de la República Haitiana, de Enero 16 de 1844´, acta a la cual se puede llamar con toda propiedad la Biblia de los conservadores dominicanos, pues en ella se comete el sacrilegio de no ver el progreso político-social sino simple ´espíritu de novedad´: se considera como unión o comunidad de derecho lo que no fue más que una violenta ocupación afro-haitiana…”.

El patriotismo integérrimo, puro y revolucionario de Duarte vive y vivirá por los siglos de los siglos. Su grandeza y gloria fecunda no la han podido eclipsar, ni podrán jamás, aquellos a los que la Historia ha tirado en el zafacón del olvido.


Ilustre y noble Patricio: Hoy a 199 años de la Patria que con gallardía y nobleza imperecedera fundaste, en 1844, para que fuésemos libres, independientes y soberanos como Nación, te decimos, que jamás permitiremos que tu gloria y honra sean mancilladas y vejadas por indignos ciudadanos que sólo merecen ser olvidados y borrados de cuajo de los anales de la historia. Loor a tu sagrado nombre hoy y siempre…!


El autor es ingeniero, escritor, miembro

de la Academia Dominicana de la Historia

y de la “Cátedra de José Martí” en la UASD.