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1º de enero de 1959

JOSÉ VASCONCELOS EN LA VEGA

sábado, 21 de marzo de 2015




Por Jesús Méndez Jiminián


                                                       “Saber leer es saber andar. Saber escribir es saber ascender”.
                                                                                                                          José Martí (1853-1895)

A mi  apreciado amigo José C. Novas y  a  mi prima Julia en Nueva Jersey.

José Vasconcelos
En junio de 1926 el destacado intelectual y político mexicano José Vasconcelos visitó  por primera vez la República Dominicana. Su visita fue todo un acontecimiento en el gobierno del General Horacio Vásquez (1924-1930). Su anfitrión principal fue el entonces  Ministro de Justicia e Instrucción Pública del gobierno de Vásquez, Licenciado Rafael Estrella Ureña (1882-1945).

Vasconcelos  antes de pisar tierras dominicanas había estado en la vecina isla de Puerto Rico, en actividades similares a las que desarrolló en nuestro país. Su principal objetivo entonces, era  dar a conocer la que sería en su prolífica carrera como escritor, su principal obra filosófica, La Raza Cósmica. Pero, además, poner en conocimiento del pueblo  dominicano su labor como educador, y sobre todo, la gestión que llevó a cabo en su natal México como Rector de la UNAM, y como Secretario de Educación tras el triunfo de la Revolución Mexicana (1910).

 En su primera visita a la República Dominicana, en 1926, Vasconcelos  estuvo en La Romana, San Pedro de Macorís, Santo Domingo, La Vega, Santiago y Puerto Plata. Y,  regresaría  por segunda ocasión a Ciudad Trujillo, en enero del 1947, invitado por la Universidad de Santo Domingo, cuyo  rector era entonces  Julio Ortega Frier. Ambas visitas tuvieron motivos distintos, tanto en lo político como en lo cultural.

De José María Albino Vasconcelos Calderón (Oaxaca, 27 de febrero de 1882- ciudad de México, 30 de junio del 1959), es importante destacar, que además de educador y político era abogado, escritor, filósofo y funcionario público. Entre sus funciones públicas, además de las indicadas anteriormente, es preciso señalar  que fue director de la Biblioteca Nacional de México (1940-1946); miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio Nacional. Se gradúo de derecho en el 1907 y figuró entre los fundadores del llamado Ateneo de la Juventud Mexicana luego conocido con el nombre de Ateneo de México, junto a una pléyade de destacadas figuras de la educación y la cultura como Antonio Caso, Amado Nervo, el humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña, entre otros. “Vasconcelos y la generación del Ateneo sientan las bases para una ambiciosa recuperación de lo nacional mexicano y de lo latinoamericano como una identidad que, además de real, fuera viable en el futuro, y sobre todo que no dependiera de lo extranjero para un progreso sostenido…’’.
Adolfo de la Huerta, José Vasconcelos, Diego Rivera y Pedro Henríquez Ureña
A los veinticinco  años de edad, Vasconcelos se unió a la campaña presidencial, en el 1909, de Francisco I. Madero, quien se enfrentó en las elecciones de 1910 a Porfirio Díaz. Elecciones que mediante  serias denuncias de fraude electoral dieron el triunfo al futuro dictador Díaz, lo que provocó mediante una convocatoria de rebeldía nacional de parte de Madero a la llamada Revolución de 1910.

(1)

“Es de este primer periodo de vida pública de Vasconcelos - se ha dicho - del que ha surgido, como una suerte de leyenda, la idea de que fue él quien  acuñó el lema más célebre del maderismo: “Sufragio efectivo, No Reelección” (…) El genio de Vasconcelos (en el campo de la política mexicana, n. de j.m.j.) radicó, sin  embargo, en haber rescatado esa frase’’ usada por figuras mexicanas en contra del dictador Porfirio Díaz, y luego empleada por don Benito Juárez, en 1871.

A partir de entonces  Vasconcelos se convertirá en un exiliado por antonomasia de su patria, con idas y venidas de acuerdo a la coyuntura política, pero también siendo encarcelado varias veces por sus actividades de corte político.

Luego de la proclamación del Plan Agua Prieta en México, en 1920, Vasconcelos es designado primer rector de la Universidad Nacional de México, en el gobierno provisional de Adolfo de la Huerta, y ocupa tales funciones desde el 9 de junio de 1920 hasta el 12 de octubre de 1921; es durante este periodo, en el que Vasconcelos propone que se incluya en el escudo de la UNAM el lema: “Por mi raza hablará el espíritu”. A su llegada a la alta casa de estudios, Vasconcelos dirige sus primeras palabras, entre las que cabe indicar estas: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”.
  
‘’Tras reorganizar la estructura de la Universidad Nacional, Vasconcelos fue nombrado Secretario de Instrucción Pública, y desde esa posición inició su ambicioso proyecto de difusión cultural en el país, con programa de instrucción popular, edición de libros y promoción del arte y la cultura. El objetivo era integrar a México de manera más amplia en las grandes transformaciones que siguieron al fin de la Primera Guerra Mundial. Vasconcelos, un personaje carismático y capaz de entusiasmar a sus colaboradores, hizo de los maestros rurales un ejército de paz  y de cada profesor, según su propia metáfora de raíz católica, inspirada en el sacrificio de los misioneros del periodo colonial, un “apóstol de la educación”. Al trabajo de los maestros rurales sumó el apoyo, nunca antes visto en México, de la educación masiva de algunas de las más grandes obras del pensamiento europeo y occidental, que fueron distribuidas por todos los rincones del país en lo que Vasconcelos no dudó de calificar como Misiones Culturales’’.

De sus grandes aciertos culturales y humanísticos surgieron en México expresiones artísticas, y por supuesto, grandes artistas de la pintura, muralistas como: Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, entre otros. Y mantuvo relaciones a nivel internacional con figuras de renombre como Gabriela Mistral, y el político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre.

(2)

De manera, pues, que ese fue el José Vasconcelos que vino en aquel mes de junio de 1926 a visitar a La Vega, y que en menos de tres años, más tarde, se convirtió, en 1929, en candidato a la presidencia de México, enfrentándose en una campaña desigual al oficialista Pascual Ortiz Rubio.

Casino Central de la Vega
El entonces corresponsal del periódico santiagués El Diario, en La Vega, Eugenio del Orbe C. anunciaba el día 11 de junio de 1926, página 3, a través de ese medio que, “El eminente Vasconcelos vendrá a La Vega”. Y, detallaba la información de esta manera: “El Comité Pro-recepción José Vasconcelos se reunió anoche (10 de junio 1926) en los salones del Casino Central para tratar los actos que se celebrarán en esta Vega Real, con motivo de la llegada de este  eminente humanista: José Vasconcelos. Las diferentes comisiones están integradas por distinguidos intelectuales de esta ciudad, y bajo la cooperación de la sociedad “Amor al Estudio”, “La  Progresista” y “Casino Central”. Con tal motivo nuestro distinguido, culto e inteligente joven amigo, señor Don Ramón María Calderón, Presidente del Casino Central, ha salido en el día de hoy para la ciudad de las Torres Cristalinas (se refería a Santo Domingo, n. de J.m.j.) en diligencias al respecto. La Vega – sigue diciendo la nota- que siempre ha demostrado ser una población culta, se prepara debidamente a recibir al ilustre Vasconcelos’’. (Viernes 11 de junio de 1926, Año XXIV, Núm. 10, 206).

En su obra “Cuatro visiones de Santo Domingo”, compilada por el intelectual mocano Julio Jaime Julia aparece la siguiente descripción que nos brinda Vasconcelos al llegar a las costas dominicanas procedente de Puerto Rico, el 10 de junio de 1926: “El barco atracó el muelle de La Romana. Una entrada bien protegida, costas ligeramente elevadas, campo verde, palmeras y casas de madera, colores vivos, automóviles, buenos pavimentos, gente con vestidos ligeros y muy aseadas… En esta tierra había una banda de música y grupo de comisionados particulares’’.(Véase en:  Vasconcelos, Arasguitain, Inman y Ugarte, compilación de Julio Jaime Julia. Mediabyte, S.A., primera edición, Santo Domingo, R.D., 2000, p.11). 

Más adelante, dice Vasconcelos en la citada obra, lo siguiente: “En cada pueblo nos recibía el Ayuntamiento y formaba la escuela con sus niños vestidos de limpio… llegamos a San Pedro de Macorís… “Me siento feliz –dijo- en la patria dominicana; pero traigo todavía en el corazón la espina de Puerto Rico y brindo por los hombres que allá luchan por la independencia”. (p.12)

(3) 

Posteriormente a su conferencia en San Pedro de Macorís, en el Ayuntamiento, Vasconcelos estuvo en Santo Domingo unos días (del 11 al 13 de junio, 1926) y en su  primera conferencia, estuvo presente el presidente Horacio Vásquez y todo su gabinete. Fue presentado en la capital dominicana en el Teatro Municipal por el destacado intelectual dominicano Don Federico Henríquez  y Carvajal. Y, dio una conferencia el domingo 13 de junio en horas de la mañana, en la Casa de España, donde un serio conflicto provocó la  presencia de Vasconcelos con uno de los presentes, que lo acusó de ser  ‘’enemigo de  Rey de España’’.

Al finalizar esta actividad Vasconcelos se dirigió a La Vega en compañía del licenciado Rafael Estrella Ureña, Francisco Prats Ramírez, Vicente Tolentino R. y su compatriota, que residía en el país, el general Guadalupe Vásquez, entre otros.

El entonces corresponsal del periódico santiagués El Diario, en La Vega, Eugenio del Orbe C. anunciaba el día 11 de junio de 1926, página 3, a través de ese medio que, “El eminente Vasconcelos vendrá a La Vega”. Y, detallaba la información de esta manera: “El Comité Pro-recepción José Vasconcelos se reunió anoche (10 de junio 1926) en los salones del Casino Central para tratar los actos que se celebrarán en esta Vega Real, con motivo de la llegada de este  eminente humanista: José Vasconcelos. Las diferentes comisiones están integradas por distinguidos intelectuales de esta ciudad, y bajo la cooperación de la sociedad “Amor al Estudio”, “La  Progresista” y “Casino Central”. Con tal motivo nuestro distinguido, culto e inteligente joven amigo, señor Don Ramón María Calderón, Presidente del Casino Central, ha salido en el día de hoy para la ciudad de las Torres Cristalinas (se refería a Santo Domingo, n. de J.m.j.) en diligencias al respecto. La Vega – sigue diciendo la nota- que siempre ha demostrado ser una población culta, se prepara debidamente a recibir al ilustre Vasconcelos’’. (Viernes 11 de junio de 1926, Año XXIV, Núm. 10, 206).

En su obra “Cuatro visiones de Santo Domingo”, compilada por el intelectual mocano Julio Jaime Julia aparece la siguiente descripción que nos brinda Vasconcelos al llegar a las costas dominicanas procedente de Puerto Rico, el 10 de junio de 1926: “El barco atracó el muelle de La Romana. Una entrada bien protegida, costas ligeramente elevadas, campo verde, palmeras y casas de madera, colores vivos, automóviles, buenos pavimentos, gente con vestidos ligeros y muy aseadas… En esta tierra había una banda de música y grupo de comisionados particulares’’.(Véase en:  Vasconcelos, Arasguitain, Inman y Ugarte, compilación de Julio Jaime Julia. Mediabyte, S.A., primera edición, Santo Domingo, R.D., 2000, p.11).  

(4)
Más adelante, dice Vasconcelos en la citada obra, lo siguiente: “En cada pueblo nos recibía el Ayuntamiento y formaba la escuela con sus niños vestidos de limpio… llegamos a San Pedro de Macorís… “Me siento feliz –dijo- en la patria dominicana; pero traigo todavía en el corazón la espina de Puerto Rico y brindo por los hombres que allá luchan por la independencia”. (p.12)

Posteriormente a su conferencia en San Pedro de Macorís, en el Ayuntamiento, Vasconcelos estuvo en Santo Domingo unos días (del 11 al 13 de junio, 1926) y en su  primera conferencia, estuvo presente el presidente Horacio Vásquez y todo su gabinete. Fue presentado en la capital dominicana en el Teatro Municipal por el destacado intelectual dominicano Don Federico Henríquez  y Carvajal. Y, dio una conferencia el domingo 13 de junio en horas de la mañana, en la Casa de España, donde un serio conflicto provocó la  presencia de Vasconcelos con uno de los presentes, que lo acusó de ser  ‘’enemigo de  Rey de España’’.

Al finalizar esta actividad Vasconcelos se dirigió a La Vega en compañía del licenciado Rafael Estrella Ureña, Francisco Prats Ramírez, Vicente Tolentino R. y su compatriota, que residía en el país, el general Guadalupe Vásquez, entre otros.

¿Cuál fue la impresión de Vasconcelos a su paso por algunos pueblos del Cibao, su gente y otros temas antes de llegar a La Vega?

Dejemos que sea el ilustre huésped quien nos describa  las imágenes siguientes de aquel inolvidable viaje camino al Cibao:

“Las poblados relucen, la gente va vestida de limpio y los que salían a recibirnos –dice- dejaban en nuestros autos ramos de flores… Los niños recitaban bien; los hombres hablan con despejo; y las mujeres saben de memoria tiradas enteras del verso… en todo dominicano hay escondido un poeta. La escuela primaria también ha hecho notables progresos en los últimos años; todos los pueblos poseen edificio escolar y maestros. El problema de la pobreza se podía olvidar con un generoso resurgimiento de la pequeña industria agrícola…’’ en el Cibao. (Ibid).


 La tarde del domingo, 13 de junio del 1926, llegó a La Vega desde  Santo Domingo,  el Ilustre José Vasconcelos  a acompañado  del licenciado  Rafael Estrella Ureña  y los demás integrantes de la comitiva. Fueron recibidos por las principales autoridades  veganas, así como por directivos de instituciones culturales  y educativas. ‘’El Ayuntamiento –dijo luego Vasconcelos de sus notas- nos dio la bienvenida… ‘’. (p. 21, en Cuatro  visiones de Santo Domingo…).

(5)
 Pero, antes de llegar a la culta  Vega Real, Vasconcelos  pudo contemplar como lo hizo Martí en una de sus  visitas aquí,  parte del  ubérrimo  valle; con estas palabras emotivas quedarían para siempre las impresiones al respecto del sabio azteca: ‘’Todo aquel valle es como un parque decorado en derrededor (sic)  con la vista distante de la montañas: intensa fragancia en un  ambiente diáfano’’. (p.22).

¿Qué otra impresión  nos da Vasconcelos de este inolvidable  viaje por el Cibao  en su histórica visita  a La Vega? 

‘’La recepción que se nos hizo- comenta- a la entrada de La Vega fue conmovedora. La población se asienta  engreída  de su esplendida  belleza. Por una especie de ley geográfica, en esta región  alta, que  es la más fría  de la isla predomina la raza blanca y se encuentra a menudo el tipo hermosísimo  de la  criolla  iberoamericana’’. (Ibid).

La mujer vegana dejó impresionado a Vasconcelos por su  belleza. Agregando algo más respecto al tema de la raza en el Cibao, especialmente en sus mujeres, Vasconcelos nos comenta: ‘’…como en todo país de raza mezclada, se encuentran allí (en La Vega   de j.m.j.) todos los tipos, desde el muy voluptuoso  de ojazos  negros y cintura flexible, hasta la rubia  un poco tostada, pero de silueta  ondulante  y fina’’. (Ibid)

 Y agrega luego:

‘’ La Vega se veía magnífica en medio del aquel valle florido, con sus nuevas casas y sus calles limpias y la ancha plaza (es decir, donde hoy está el parque Duarte, la catedral y sus alrededores, n. de j.m.j.) llena de gente endomingada

Los niños – prosigue  Vasconcelos- formaban militarmente; grupos de niñas vestidas de blanco a- potaban ramos de flores… Después de cambiar saludos y de prometer que volveríamos esa misma noche, seguimos para Santiago de los Caballeros’’. (p.23). 

(6)
VASCONCELOS EN EL TEATRO LA PROGRESISTA 

Después  de los saludos efusivos a los munícipes de Santiago, y de una breve estadía, fugaz podríamos llamarla, de Vasconcelos en Santiago de los Caballeros aquel domingo 13 de junio de 1926, al caer la tarde y bien entrada la noche, se produjo su segunda visita ese mismo día a la cuidad de La Vega.

Desde las páginas del periódico santiagués EL DIARIO, dirigido por el destacado intelectual Ramón Emilio Jiménez, aparece la siguiente nota informativa previo a la conferencia de Vasconcelos aquella noche en el Teatro de La Progresista, en La Vega:

‘’Para acceder a la cortés invitación que le hiciera el culto pueblo vegano- dice la nota-, que anhelaba fervientemente escuchar la autorizada  palabra del insigne Dr. José de Vasconcelos, éste acordó dar una conferencia en aquella localidad, después de la retreta (en el parque Duarte de Santiago, n.de j.m.j.) que le fue dedicada anoche y de la recepción que tenía preparada la sociedad Club Santiago.

A las 9:15 (p.m) salió el ilustre humanista, acompañado de Secretario Estrella Ureña, de su admirado compatriota el Gral. Guadalupe Sánchez y de los jóvenes intelectuales Francisco Prats Ramírez, Cristian Lugo, Licdo. José R. Cordero, Emilio A. Morel, Vicente Tolentino R., M. Morillo y R. Emilio Jiménez.

El teatro La Progresista estaba lleno de selecto público (todavía pasadas la 10 de la noche de aquel día, n. de j.m.j.) ávido de escuchar al apóstol. Hizo la presentación el Licdo. Elías Brache, leyendo unas bien escritas y mejor pensadas palabras acerca de las ideas de su presentado, y muy aplaudido.

El Dr. Vasconcelos se puso de pie y tras un hermoso, sentido y elocuente exordio, lleno de la satisfacción que lo domina con motivo de la hermosa acogida que le ha hecho el pueblo dominicano, hablo durante cerca de una hora sobre uno de los aspectos de su gran obra de reformación social: la influencia de la arquitectura en el espíritu de nuestra raza, tema interesantísimo, tratado con la maestría con que sabe él tocar todas las cuestiones que caen bajo el dominio de su pluma.

(7)

El público le tributó  una estruendosa ovación y momentos después la intelectualidad vegana le  ofreció un Champagne d ‘ Honneur por órgano del alto poeta y afamado cuentista Fabio A. Fiallo, quien tocó con sus hermosas palabras la fibra de sentimiento patriótico. El Dr. Vasconcelos, estaba visiblemente fatigado y se limitó a dar sencillamente las gracias. Luego hablaron sucesivamente el Gobernador Cordero (se refiere a Teófilo Cordero, n. de j.m.j.), el Licdo. Estrella Ureña, con su elocuencia acostumbrada ambos, y el culto (y) joven escritor Cristian Lugo, de la briosa juventud intelectual El Paladión, regresando todos a esta ciudad (Santiago de Los Caballeros, n. de j.m.j.), cerca de las dos de la madrugada’’ del lunes 14 de junio del 1926.

Así finalizaba la segunda histórica visita del sabio mexicano José Vasconcelos a la cuidad de La Vega, el domingo 13 de junio del 1926, hacen ya casi 90 años.   
                                                                                                    Edgewater, Nueva Jersey, USA.
5 de marzo de 2015
                                                                                                          

Sobre el libro "Frederick Douglass y Santo Domingo: Dos épocas del expansionismo imperial norteamericano"

viernes, 20 de marzo de 2015





Por Luis Armando Cordero



Frederick Augustus Washington  Douglass (14 de febrero de 1818 – 20 de febrero de 1895) quien nació siendo esclavo en el Condado de Talbot, Maryland fue un  un abolicionista, intelectual y orador de alto vuelo que estuvo en dos ocasiones en República Dominicana (1771 y 1889) donde ejerció funciones diplomáticas, al igual que en Haití, donde donde fue Ministro plenipotenciario y Cónsul general(1889-1891), ademas de Encargado de negocios en Santo Domingo.

El autor Jesús Méndez Jiminian analiza en su libro "Frederick Douglass y Santo Domingo: Dos épocas del expansionismo imperial norteamericano" (Editorial Akelarre,Puerto Rico,2014) las reacciones de Frederick Douglass a la formación del imperio de Estados Unidos en Santo Domingo, entre 1870-1872, y en Haití, entre 1889-1891. Sabido es que " Como Ministro de Estados Unidos en Haití y como Secretario Auxiliar de la comisión del Presidente Ulysses S. Grant para anexar la República Dominicana, Douglass apoyó totalmente las virtudes de la expansión de Estados Unidos y Pan-americanismo siempre y cuando promovieran el desarrollo eficaz e igualitario de las  naciones del Caribe y Latinoamérica" [1]. Pero, "Douglass se opuso al imperio estadounidense si éste perpetuaría las nociones de dominación racial." [2].Sus ideas sobre estos temas fueron cambiando con el tiempo y " probaron estar ligadas al progreso y las dificultades que vivían los afro-americanos en el sur de la nación estadounidense" [3].

Frederick Douglass en su juventud
Como embajador y cónsul en Haití desde 1889 Frederick Douglass estableció excelentes relaciones con ese país hasta que el presidente de Estados Unidos Benjamin Harrison quiso imponer a Haití la construcción de una base naval norteamericana en la Môle de San Nicolás y envió una flota naval con más de 100 cañones y 2.000 tripulantes comandada por el contralmirante Bancroft Gherardi. Frederick Douglass pidió disculpas al gobierno haitiano y renunció a su cargo y luego defendió públicamente en su país el punto de vista haitiano. En 1892, el gobierno haitiano nombró a Douglass comisionado para la Exposición Colombina Mundial de Chicago. Allí habló para la Casa de Gobierno de Irlanda y apoyó los esfuerzos del independentista irlandés Charles Stewart Parnell. En 1892, el gobierno haitiano nombró a Douglass comisionado para la Exposición Colombina Mundial de Chicago [4].

Sin embargo, como muy bien señala Méndez Jiminian en su libro " a diferencia de Haití Douglass quedó para siempre marcado de repudiable manera con la República Dominicana, por su papel de apoyar la anexión de nuestro país a los Estados Unidos. Esa mancha la lleva hasta hoy con los dominicanos, que suerte a los factores de la política norteamericana interna de entonces y, a la defensa intransigente y nacionalista del general Gregorio Luperón, hicieron imposible tan bochornoso acto imperial..."[5].

Méndez Jiminian examina como la posiciones ocupadas por Frederick Douglass como Subsecretario de la Comisión del Presidente Ulises S. Grant para la anexion de  la Dominicana República por un lado y como Ministro de Estados Unidos a Haití por el otro le permitieron tener una perspectiva muy unica de las relaciones de la política exterior existentes entre las naciones del Caribe y los Estado Unidos. Nos dice el autor Jiménez Jiminian en su libro:

"Así que, cuando cuando el General Ulises S. Grant llego a la presidencia de los estados Unidos el 4 de marzo de 1668, ya el camino estaba allanado para que los yanquis consumasen sus propósitos imperiales en Santo Domingo, contando ahora a su favor con un sólido, descarado y codicioso aliado, que ayer era su adversario: Buenaventura Báez " [6].

El celo que el presidente estadounidense Ulysses S. Grant y empresarios demostraron  hacia la anexión de Santo Domingo ejemplificaba una tendencia mucho más amplia existente en Washington que buscaba mas que nada usurpar con eficiente rapacidad el control económico que tenia Europa dentro de la región.

Cerca del final de su obra el autor Menndez Jiminian cita en su abra a E. Apolinar Henríquez:

"Los precedimientos empleados  en la propulsión  de esa política de absorbencias imperialistas sin escrúpulos morales ni miramientos jurídicos han inficionado estúpida y penosamente, con daño de dimensión y de vigencia incalculables, el ambiente de leal fraternidad que para provecho y prez de la comunidad americana debió regir en todo tiempo las relaciones de los estados unidos de américa con sus hermanas menores del hemisferio occidental, Las consecuencias no podían dejar de ser y en efecto han sido desastrosas para la paz moral y la confianza de la familia internacional que puebla los ámbitos geográficos del Nuevo Mundo" [7].

En sus últimos años, Douglass se determinó a fijar de una vez por todas cuál era la fecha de su cumpleaños, algo que entre los esclavos era bastante difícil averiguar. Sus estimaciones dieron en señalar que había nacido en febrero de 1816; los historiadores le dieron la razón en cuanto al mes al descubrir un documento, pero resultó haber nacido dos años más tarde de lo que creía, en 1818.

El 20 de febrero de 1895 Douglass asistió a una reunión del Consejo Nacional de las Mujeres en Washington y durante aquel encuentro se llevó una alentadora ovación de la audiencia, pero poco después de haber llegado a su casa falleció por un súbito ataque cardíaco o un derrame. Está enterrado en el Mount Hope Cemetery de Rochester.




El autor del libro "Frederick Douglass y Santo Domingo: Dos épocas del expansionismo imperial norteamericano", Jesús Méndez Jiminian, es miembro de la Cátedra “José Martí” en la UASD.
______________________________

1)  Millery Polyné, "Expansion Now!: Haiti," Santo Domingo," and Frederick Douglass at the Intersection of US and Caribbean Pan-Americanism". Caribbean Studies, vol. 34, núm. 2, julio-diciembre, 2006, Instituto de Estudios del Caribe Puerto Rico.
2)  Ibid
3)  Ibid
4)  http://es.wikipedia.org/wiki/Frederick_Douglass
5)  Jesús Méndez Jiminian , "Frederick Douglass y Santo Domingo: Dos épocas del expansionismo imperial norteamericano". Editorial Akelarre,Puerto Rico,2014.p.18
6) Ob.cit.,p.23
7) Ob.cit.,p.93

George Washington y Santo Domingo

sábado, 10 de enero de 2015

Por Jesús Méndez Jiminián


(Parte I)

Durante las administraciones del Presidente Washington, se producen ciertas relaciones entre Norteamérica y Santo Domingo, cuando en sus inicios “(…) capitanes yanquis se asentaron en los vastos dominios españoles atraídos por incentivos comerciales”.
   
En los años en que el  Presidente Washington iniciaba su primer período de gobierno, se daba cierto comercio ilícito en muchas islas del Caribe con capitanes y mercaderes, que eran iniciados desde algunas potencias europeas con tales fines. Santo Domingo  era entonces una pieza clave para esas potencias. 
    
Los puertos de Francia en el Caribe, antes de Washington acceder a la presidencia de Norteamérica, fueron abiertos al comercio extranjero. Por ejemplo, señala Callan Tansill en una importante obra, que el 23 de julio de 1783, es decir, cinco años después de Norteamérica haber logrado su independencia, el gobernador  de la isla de Martinica, Monsieur Damas, “alentaba un comercio limitado con Norteamérica”;  y con Haití ocurría también lo mismo. Pero a la vez, se prohibía la entrada de la harina inglesa a los territorios coloniales franceses. 
     
Sin embargo, poco tiempo atrás, se establece un comercio “(…) con colonias norteamericanas … de secundaria importancia para los colonos de Haití, pero les complacía trocar grandes cantidades de azúcar y melaza por pescado, la carne salada de res, las provisiones y los negros de Guinea (en África, n. de j.m.j.) que les eran llevados a embarcaciones yanquis.”
    
No obstante estos sucesos, cinco años atrás, Francia había firmado un “tratado secreto” con Norteamérica de tipo comercial y amistoso. Juan Bosch, en su obra “De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe Frontera Imperial” (pp. 281-282), lo explica así:
    
“El 6 de febrero de 1778 Francia firmó con los recién nacidos Estados Unidos un tratado secreto de amistad y comercio en el que incluía el reconocimiento de la independencia de las antiguas colonias inglesas y se establecía,  además una alianza defensiva, lo que implicaba un serio revés para la Gran Bretaña y sobre todo para los ingleses que tenían intereses en esa colonia”.
    
España por su parte, también ayudaba a los norteamericanos, y había en consecuencia, formando una alianza   con Francia. Los españoles prestaban a los norteamericanos ayuda económica y política a través del representante estadounidense, en España, el señor Arthur Lee.  Bosch cita el hecho de que, el Santo Domingo español compraba a Norteamérica en aquellos años herramientas, harina y productos manufacturados. En Haití, ya lo comentamos, los norteamericanos se abastecían de melaza, azúcar, ron, algodón y otros productos. También las islas holandesas en el Caribe hacían lo propio.

(2 de 5)

“Las estrechas relaciones comerciales –indica Bosch- que tenían los norteamericanos con todos los territorios del Caribe les proporcionaron vivas simpatías en su lucha por la independencia, al grado de que en los puertos holandeses de San Martín y San Eustaquio sus barcos podían izar la bandera de las barras y las estrellas antes de que Holanda hubiera reconocido esa independencia. Había agentes de la revolución (norteamericana, n. de j.m.j.) que operaban públicamente  en todos los territorios del Caribe. Antes de que Francia firmara el tratado secreto de febrero de 1778, las autoridades francesas del Caribe permitían a los corsarios yanquis guarecerse en puertos franceses, y fueron muchas las presas británicas que hicieron esos corsarios; por ejemplo, en una ocasión desembarcaron en las Granadinas, quemaron propiedades inglesas y se llevaron esclavos; en otra ocasión se metieron en bahías de Tobago y se llevaron barcos británicos”.
    
La actividad comercial de la naciente Norteamérica, en el Caribe, se fue expandiendo, pese a que en los primeros años muchas de sus embarcaciones tuvieron que ser utilizadas en los combates contra Inglaterra. Tal es la importancia que los Estados Unidos le dieron entonces al Caribe, y a la Isla de Santo Domingo en particular, que en el primer gobierno de Washington (1789-1793), fue designado un cónsul estadounidense en Cap Français. Esto ocurrió el 7 de junio de 1790. Se trataba  del señor Sulvanus Bourne. 
    
Bourne llegó a Cap Français el 16 de marzo de 1791 y de inmediato presentó  sus cartas credenciales, “debidamente al Gobierno” instalado allí por los franceses, dice Callan Tansill (p. 283). En su citada obra. Esto, sin dudas, provocó ciertos celos en algunas naciones europeas, a tal punto, que su salida de Haití se produjo de manera inesperada a mediados de julio de 1791. El señor Bourne, sin embargo, “no presentó renuncia a su comisión de cónsul hasta el 28 de diciembre de 1791.”
   
La lucha armada que se originó en Haití en 1791, fue iniciada por un mulato rico llamado Vincent Ogé,  que después de haber embarcado para Inglaterra, pasó a los Estados Unido, donde apunta Bosch, “compró armas y municiones, y llegó a Cap- François el 21 de octubre de 1790”. A él le tocó el iniciar la lucha armada contra los blancos de Haití.” (De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe Frontera Imperial, Juan Bosch, p. 313).  Cuando ocurrieron en Haití los sucesos que dieron origen  a la Revolución, se produjo un éxodo de franceses y algunos mulatos a los Estados Unidos  específicamente a las ciudades de Charleston y Nueva Orleáns, “ciudades que estaban profundamente comprometidas con el tipo de esclavitud que, a pesar de no ser tan brutal como la de Santo Domingo, fue ciertamente inflexible (…), durante el año de 1809 el número de inmigrantes franceses hacia Nueva Orleans desde Cuba solamente pasó de 10,000 individuos, incluyendo blancos, esclavos y mulatos. En el período de un mes, en 1809, por lo menos treinta  barcos procedentes de Cuba desembarcaron 10,347 refugiados  en Nueva Orleans, incluyendo 3,428 mulatos. En Charleston., entre 1790 y 1810, el número de negros libres alcanzó más del doble (de 1,801 personas a 4,554)…”. (p. 74, en “Los mulatos en la Isla Española y los Estados Unidos, de William Javier Nelson, EME-EME, Vol. XII,  Núm. 67, jul-ago. 1983, publicaciones de la UCMM).
    
Callan Tansill señala, además, refutando algunas consideraciones, que durante el primer gobierno del Presidente Washington, “el comercio entre Haití y los Estados Unidos era considerable”.

Y agrega:

“En un informe (de Thomas Jefferson, entonces secretario de Estado, n. de j.m.j.) al Presidente Washington del 23 de diciembre de 1791 (…) estimaba que las exportaciones desde los Estados Unidos hacia las islas francesas del Caribe sumaban la cantidad de $3,284,656 (dólares) y las importaciones desde allá a $1,913,212 (dólares)”.

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Según indica Callan Tansill en su obra, el motivo esencial por el que el señor Bourne tomó por decisión marcharse a su país, fue por temor a su vida, que corría  peligro en Haití, debido a las serias confrontaciones que se venían dando entre los negros esclavos y sus amos, y que trajo consigo años después su independencia.
   
 “La vaticinada guerra civil en Haití estalló con súbita furia durante la noche del 22 de agosto de 1791, cuando los esclavizados negros comenzaron a asesinar a sus amos. Los administradores de la colonia (es decir, los franceses, n. de j.m.j.) prontamente acudieron a los Estados Unidos en busca de auxilio y enviaron representantes a Filadelfia para obtener municiones   y provisiones. El ministro de Francia en los Estados Unidos, Ferrant, se resintió  ante estas peticiones directas al gobierno norteamericano sintiendo graves temores por el creciente espíritu de independencia en Haití”.
    
Thomas Jefferson quien ocupaba el cargo de secretario de Estado del Gobierno del Presidente Washington y ante las conjeturas de monsieur Ternant, se apresuró a ordenar a su subalterno William Short, su representante en París, para que negara de forma enfática  “que el gobierno norteamericano tuviera designios sobre Haití”.
    
“Pocas semanas después, Jefferson daba garantías similares a Ternant en cuanto a la política norteamericana en el Caribe (…) La asistencia prometida por el gobierno norteamericano fue concedida a la administración colonial francesa mediante pagos sobre la deuda nacional con Francia”.
    
Los ingleses por su parte, atizaban las luchas que tenían  lugar en Haití entre los negros esclavos liderados por Toussaint Louverture, y sus amos.  Esta situación provocó una airada protesta  del ministro Jeffersson, quien el 3 de abril de 1793 le dirigió a James Mason una carta en la que, entre otras cosas, le comunicaba, que debía  informarle al gabinete británico, que el gobierno norteamericano estaba dispuesto a hacer  causa común con Francia, para que ésta mantuviera sus posesiones en el Caribe. 
    
Por su parte, los británicos, trataban de impedir a toda costa, cualquier tipo de intercambio comercial entre los franceses y los norteamericanos. Callan Tansill en su obra lo destaca así: 
    
“Con la finalidad de interrumpir todo intercambio entre los puertos norteamericanos y franceses del Caribe, el Gobierno británico entonces dictó una Ordenanza del Consejo (6 de noviembre de 1793) ordenando a los comandantes de la marina de guerra británica  detener las embarcaciones cargadas con productos de cualquier colonia perteneciente a Francia, o  trasportando provisiones u otros abastecimientos para el uso de tal colonia”.

    
Pero, aunque en otra Ordenanza de fecha 8 de enero de 1794, los británicos expresaban términos similares, y pese a que “las restricciones sobre el comercio norteamericano con las islas francesas del Caribe se vieron algo disminuidas, los peligros que aún asechaban las operaciones comerciales en dichas aguas eran tan agudas” que capitanes y oficiales norteamericanos con sus embarcaciones continuaban, aunque con ciertas precauciones, haciendo negocios con los franceses en la frontera imperial. 

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Hubo, sin embargo, con tales acciones de los norteamericanos  “efectos desastrosos”. Por lo que se vieron obligados a tomar ciertas medidas de protección y precaución. A tales fines, el gobierno del Presidente Washington, en julio  de 1796, comisionó al señor Jacob Mayer, para que fuera su cónsul en Cap Fançais. 
    
Mayer un año después, es decir, en fecha 17 de julio de 1797,  entre otras cosas, le informaba a sus superiores respecto a la precariedad en que se desenvolvía el comercio norteamericano en algunos puertos haitianos.  Se estaban produciendo, pues, secuestros ilegales por parte de corsarios franceses, por lo que el gobierno de Washington se vio precisado a tomar ciertas represalias.
    
Casi que, valiéndose de algunos términos de las leyes acordadas por su Congreso, los Estados Unidos suspendieron mientras tanto, todo tipo de intercambio comercial con Francia y sus colonias. “Los tratados con Francia fueron declarados abrogados, y se creó el Departamento de Marina”. 

LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL PRESIDENTE WASHINGTON

Francia e Inglaterra, por su lado,  seguirían enfrascados en una guerra  que no culminaría sino hasta inicios del siglo XIX. Washington que había emitido una “Proclama de Neutralidad” en aquellos conflictos, era blanco de muchos de sus compatriotas por tal actitud. Sin embargo, el tiempo les hizo dar la razón a su gran líder y guía. 
   
 “Washington sorteó las tormentas de desaprobación popular tal como había capeado Valley Forge (…) Ansiaba la paz de Mount Vernon. Airadamente rechazó el ofrecimiento de una tercera presidencia. Nunca jamás, si estuviese en él evitarlo, se sometería a la crítica de que había sido objeto a causa de su actitud hacia Francia y sus tentativas con Inglaterra”.
    
Pero, ¿cómo dejaba el Presidente Washington a su país tras ocho años bajo su dirección? La forma más concreta y sencilla de explicarlo la encontramos en estas breves palabras: 
    
“Durante los ocho años de su presidencia una joven e inexperta nación había luchado para salir de un desierto de dudas, escepticismo y pobreza. La dejaba fuerte, unida, confiada en sí misma, y respetada en el exterior”.

    
La honestidad y el amor a su patria, eran los más preciados dones que Washington podía dejarle a sus compatriotas  como herencia. A él le sucedió en la presidencia John Adams. Sin embargo, toda la nación norteamericana y sus principales líderes deseaban el concurso de Washington, que  ya se había retirado a Mount Vernon, pese a las complejas circunstancias internacionales. El pueblo norteamericano pedía sin cesar al Presidente Adams, que George Washington estuviese al frente del ejército.
    
“Washington aceptó el nombramiento a regañadientes, con la condición de que tendría libertad para nombrar a Alexander Hamilton  y Henry Knox generales de su estado mayor. El Congreso organizó un poderoso departamento de marina, se equiparon catorce barcos de guerra, y para mediados de febrero de 1799, ya se habían producido encuentros entre naves  norteamericanas y francesas en las Indias Occidentales. Luego amainó un movimiento  de conciliación en Francia”. 

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Apenas algo menos de dos años ocupó Washington este cargo. Ansiaba la vida tranquila de Mount Vernon. A inicios de diciembre de 1799, Washington recorría a lomo de caballo sus extensas plantaciones en Virginia. Sentía que ya lo había dado todo por su patria, y que sus días finales se acercaban.
    
“Agrimensor, soldado, ciudadano privado, estadista, granjero, Washington era intensamente humano (…) con defectos y virtudes, así como impenetrables estoicismos alternando con arrolladoras explosiones de pasión. Su personalidad era fuerte y simple en algunos aspectos; en otros, de una complejidad que promete eludir para siempre el análisis”.
    
Cuando Washington murió el 14 de diciembre de 1799, casi al culminar el siglo XVIII, no sólo sus compatriotas se sintieron conturbados  ante aquella pérdida irreparable.  Francia e Inglaterra que estaban en guerra hicieron un breve alto al fuego. Un gran hombre, mejor patriota, decía adiós para siempre de la vida terrenal. América perdía a uno de sus más grandes hombres; y a uno de sus más brillantes estadistas. Desde entonces:
    
“(…) George Washington ingresó en la tradición norteamericana como el patriota supremo, aquel que está por encima de los partidos, por encima de los intereses y por encima de las personalidades, granjeándose así la estima máxima de toda la nación norteamericana”
.

 El autor es miembro de la Cátedra “José Martí” en la UASD

PALABRAS DE RADHAMÉS GARCÍA GONZÁLEZ EN LA PUESTA EN CIRCULACIÓN DEL LIBRO “EL GOBIERNO CONSTITUCIONAL Y REVOLUCIONARIO DEL PRESIDENTE CAAMAÑO”

jueves, 6 de noviembre de 2014

Lic. Jesús Méndez Jiminián
Ing. Amado Padrón, presidente de la sociedad cultural Alianza Cibaeña
Señores de la Mesa Directiva
Amigos y amigas.

Nos complace  participar en la presentación del libro “El Gobierno Constitucional y Revolucionario  del Presidente Caamaño”, una  de las numerosas obras escritas  por el destacado investigador histórico  Jesús Méndez Jiminián.

Esta obra tiene una dedicatoria especial a una persona apreciada y admirada por la comunidad académica, el educador Jacobo Moquete, participante  en la  Revolución Democrática de 1965,  fundador del Movimiento Renovador de la UASD y actor fundamental en la apertura de la UASD en Santiago. Además, tío político del autor.

En la obra “El Gobierno Constitucional y Revolucionario del Presidente Caamaño”, Jesús Méndez Jiminián  continua sus reflexiones  sobre personajes  fundamentales de la historia de la República Dominicana y América.

En esta ocasión aborda el papel cardinal del héroe nacional Francisco  Alberto Caamaño Deñó  en el contexto de la Revolución Constitucionalista de 1965.

Su atención principal  se concentra en el gobierno  revolucionario  que encabezó el presidente constitucional  Caamaño, en cuatro meses “de arduo trabajo, intensas negociaciones y jornadas de mucho sacrificio”.

El Edificio Copello se convirtió en la sede del gobierno en armas del 4 de mayo,  hasta la mañana del  3 de septiembre de 1965.

Muchos se preguntan cómo fue posible resistir durante cuatro meses en un perímetro  tan pequeño de la ciudad  intramuros, sin armamentos  de igual calibre, al que tenían las fuerzas invasoras, sin una retaguardia, y con el control del resto del país por las llamadas fuerzas regulares del gobierno de reconstrucción del General Imbert.

Por eso el coronel Caamaño en su discurso de entrega de su mandato presidencial señaló “nunca tal vez en la vida de los dominicanos se había  luchado con tanta tenacidad  contra un enemigo tan superior  en número y en armas. Luchamos, sí, con bravura de leyenda, porque íbamos  desbrozando con la razón el camino de la historia.

No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos”.

Esta obra recoge las decisiones tomadas  en las  numerosas reuniones realizadas por el gobierno  constitucional del presidente Caamaño. La primera tuvo efecto el 5 de mayo del 1965 con la Comisión Especial de Ministros de Relaciones de la OEA,  donde se acuerda un “cese al fuego”.

Como consigna  Jesús Méndez periódicamente se dieron “otros encuentros que tuvieron como eje central el curso de la Guerra Patria”.

El historiador Jesús Méndez Jiminián
En un segundo encuentro del gobierno constitucional celebrado el 10 de junio de 1965 al que asistió  su gabinete, participaron también  los integrantes de la comisión ad-hoc de la OEA.

En esta reunión Caamaño  ratificó que su gobierno mostraba apego  irrestricto  a la Constitución de 1963. Además,  desmintió  con gallardía  una afirmación del embajador norteamericano  Bunker de que en el país existían dos grupos en pugna por la guerra.

El de Imbert es un grupo artificial que lucha contra el pueblo dijo Caamaño.

En su obra Jesús Méndez señala que “el tema de la figura que encabezaría el gobierno provisional vino a  acaparar la atención de los miembros del gobierno constitucional con la comisión ad-hoc de la OEA en la reunión del 1º de Julio del 1965”.

En  los dos meses anteriores, se estuvo barajando a Antonio Guzmán como esa figura, sin embargo, esta propuesta no progresó, en virtud  de que los norteamericanos condicionaban su apoyo a que tomara medidas indignas.

En esta  reunión del 1º de julio la comisión ad-hoc de la OEA propuso Héctor García-Godoy.

Se inició un largo, difícil e intenso debate sobre  esta propuesta. Varios miembros del gobierno  constitucional  se opusieron a Héctor García-Godoy, entre ellos Héctor Aristy y Jottin Cury.

Finalmente, con la no objeción del PRD Héctor García-Godoy es aceptado para  presidir  el Gobierno Provisional, con cuatro votos a favor, dos en contra y una abstención.

La votación fue de la siguiente forma:

Senado de la República
          Sí acepta (Casimiro Castro)

Cámara de Diputados
          Sí acepta (Cedeño Valdez)
Gabinete Ministerial
          Sí acepta (Ledesma Pérez)
Estado Mayor del Ejército
Se abstiene en razón de que no son deliberantes, y promete acatar lo que resuelva el Gobierno Constitucional.
Partido Revolucionario Dominicano
          No la objeta.
Partido Revolucionario Social Cristiano
          La rechaza
Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4)
          La rechaza

El Gobierno Constitucional y Revolucionario terminó el 3 de septiembre de 1965  cuando se entregaba la presidencia   al Doctor  Héctor García-Godoy para encabezar  un Gobierno Provisional.

Como consigna Méndez Jiminián,  el Acta de Reconciliación Dominicana  fue firmada el 31 de agosto de 1965  por  el presidente Caamaño y Héctor García-Godoy.

Esta Acta establecía entre otros aspectos:
-      Amnistía general para los militares por actos cometidos después del 23 de abril del 1965,  con excepción de delitos comunes, y
-      Elecciones  dentro de un plazo no menor de seis meses ni mayor de nueve.

En las históricas palabras de renuncia de Caamaño como presidente constitucional señaló: “porque me dio al pueblo el poder, al pueblo vengo a  devolver lo que le pertenece”.

Más adelante indicó “que esta sea la última vez en la historia que un gobierno legítimo tenga que abandonar el poder bajo la presión de fuerzas nacionales y extranjeras”.

Terminó sus palabras jurando  “luchar por la unión de todos los sectores patrióticos para hacer a nuestra nación plenamente libre, plenamente soberana, plenamente democrática”.

Tal como señala Jesús Méndez la Revolución constitucionalista de 1965 es el acontecimiento más importante del siglo XX.

 La historia es un producto del quehacer colectivo. Es obra de los pueblos que constituye la fuerza decisiva del desarrollo histórico.

La Revolución constitucionalista de abril de 1965  es una expresión  palpable de ello. Nunca en la historia,  la población había irrumpido en la escena pública de forma tan independiente de las élites  políticas tradicionales y de forma tan protagónica.

La guerra de abril,  es la culminación  de múltiples
“El Gobierno Constitucional y Revolucionario  del Presidente Caamaño”
contradicciones que se generaron en la sociedad dominicana desde muchos  años atrás, en particular  desde el ajusticiamiento de Trujillo, el 30 de mayo de 1961.

Su antecedente inmediato es el Golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch, apoyado  por el gobierno de Estados Unidos,  según lo expresara el  propio Bosch.

Lo que empezó como una rebelión  militar se transformó en una gran insurrección popular y luego en una gran guerra patria contra los invasores norteamericanos. Se iniciaba una revolución democrática inspirada en la Constitución de 1963.

La consigna  de los constitucionalistas fue “retorno  a la constitucionalidad   sin elecciones”,  con dos figuras  claves: el coronel Fernández Domínguez, fundador del Movimiento Militar Constitucionalista y Francisco Alberto Caamaño Deñó,  gran líder de este proceso, y prócer nacional.

El pueblo en armas había vivido una experiencia inolvidable que dejaba muchas enseñanzas para el futuro. Había despegado una gran espiga: el coronel Caamaño que se había  convertido  en el líder de una gran  confluencia de fuerzas sociales y políticas, de una gran coalición democrática y patriótica.

A casi cincuenta años de aquella jornada patriótica, su ejemplo y sus enseñanzas  son fuente de inspiración para  las generaciones del presente que se esfuerzan por edificar una nación más justa, solidaria, democrática y soberana.

Forma parte de un largo recuento de resistencia y lucha de nuestro pueblo, que ha logrado importantes conquistas, pero que  muchas de ellas siguen pendientes de ser logradas.

El presente se construye con  importantes partículas del pasado.  Nunca fue más necesario  que hoy, la guerra contra el olvido.

Esa promoción deliberada del olvido por las élites dominantes, permitió que la impunidad dejara sin castigo ejemplar a los que torturaron, humillaron y asesinaron a los luchadores de la justicia y la libertad.

Obras como esta  de Jesús Méndez Jiminián, contribuyen a recuperar las herencias más positivas de nuestra historia.

A casi cincuenta años de aquella hazaña,  el sistema político acusa  un gran  deterioro moral e institucional.

La cultura política tradicional  está marcada por el clientelismo, la corrupción, la ausencia de un ideario político y de un proyecto de  país.

La República Dominicana es uno de los países  más  desiguales e inequitativos de América Latina y el Caribe.

La mayoría de la población  sigue ausente del bienestar material y espiritual y de la participación social y política.

Necesitamos una transición democrática. Recojamos el legado de los héroes de  abril del 1965 y construyamos una nueva República Dominicana. 

Alianza Cibaeña, Santiago

22 de Octubre de 2014 

SOBRE EL LIBRO "LINCOLN Y SANTO DOMINGO:1861-1865" DE JESÚS MÉNDEZ JIMINIAN

domingo, 5 de octubre de 2014

Por Luis A. Cordero Morales


 Abraham Lincoln es sin duda el político más conocido de la historia política norteamericana. Pertenece a la tradición liberal-conservadora y aun cuando la ortodoxia de sus convicciones religiosas es debatible, es indudable que, en su gestión práctica de gobierno, demostró ser el presidente más evidentemente cristiano de la historia americana.

Hijo de un hombre de la frontera de Kentucky, Lincoln tuvo que luchar para ganarse la vida y para aprender. Cinco meses antes de recibir la nominación de su partido a la presidencia, esbozó su vida:

"Yo nací el 12 de febrero 1809, en el condado de Hardin, Kentucky. Mis padres nacieron en Virginia, de familias sin distinciones, familias de Segundas nupcias, tal vez debería decir. Mi madre, que murió en mi décimo año, era de una familia llamada de Hanks. Mi padre se mudó de Kentucky a Indiana a mis ocho años. Era una región salvaje, con muchos osos y otros animales salvajes todavía en el bosque. No crecí. Por supuesto, al llegar a la mayoría de edad no sabía mucho. Sin embargo de algún modo, podía leer, escribir y contar pero eso era todo".[1]

Pero Lincoln, más que cualquier otro presidente estadounidense, es una figura global, admirado alrededor del mundo por el papel desempeñado en el fin de la esclavitud y la unión de una nación. Las obras sobre Lincoln se han publicado en todos los idiomas importantes del mundo.

Abraham Lincoln nunca viajó más allá de los Estados Unidos. Es mas, nunca pudo visitar la mayoría de los estados de su propio país porque lo asesinaron y ni siquiera pudo realizar su sueño de conocer California.

Como presidente, Lincoln tuvo poco contacto con los diplomáticos extranjeros; nunca conoció un jefe de estado extranjero, y delegó gran parte de la política exterior en su Secretario de Estado. [2] Las crisis políticas de su tiempo lo mantuvieron centrado en la política interna de los Estados Unidos.

No obstante lo anterior y como muy bien señala el historiador Pablo L. Crespo Vargas en  el prólogo del libro   "Lincoln y Santo Domingo: 1861-1865" del autor Jesús Méndez Jiminián "la intervención francesa en México y la anexión de la República Dominicana a España fueron dos hechos que retaban directamente a la visión estadounidense de 'América para los Americanos'". [3]    

En este magistral trabajo el historiador Méndez Jiminián  nos presenta en los primeros capítulos del la mismo detalles biográficos sobre la vida de Abraham Lincoln y en los capítulos subsecuentes nos describe con su peculiar estilo las relaciones de la administración Lincoln y de las administraciones anteriores con los distintos gobernantes de Santo Domingo.

1). Traducción libre de "Biografías presidenciales" en WhiteHouse.gov,  por Michael Beschloss y Sidey Hugh.

 2). Embajada de Estados Unidos en Guatemala,"Lincoln y el Mundo". http://spanish.guatemala.usembassy.gov/


  3). Jesús Méndez Jiminian, "Lincoln y Santo Domingo: 1861-1865"CreateSpace Independent Publishing Platform.